El otro carnaval

VIGO

29 mar 2014 . Actualizado a las 14:33 h.

A los vigueses nos gusta distinguirnos. A todo jicho o jicha que vive a orillas de la ría y a la sombra de O Castro, le gustaría ser Vigués Distinguido. Y como es algo que no depende de uno mismo, sino de que que unos señores supuestamente comprometidos con los idearios de los partidos políticos en los que militan lo nominen (y que después se pongan de acuerdo entre ellos, ¡uf!), muchos ciudadanos se buscan la vida distinguiéndose con su actitud en el día a día. Algunos, yendo a su bola sin importarles el guion. Así, por ejemplo, lo hacen cada vez más durante la Festa da Reconquista. Los organizadores, la Asociación de Vecinos del Casco Vello, no cesan de instar a la gente a que se sume, que se una a la celebración acudiendo a la fiesta disfrazados. Pero, claro, se les olvida aclarar que se trata de vestirse de época, y no de cualquiera, sino de los tiempos en los que tuvo lugar la invasión de las tropas napoleónicas, que en Vigo se encontraron con una resistencia férrea. Como no han insistido lo suficiente sobre este punto, durante estos días te puedes cruzar por la calle a chavales con pelucas de colores y a doñas jimenas y bufones medievales que acuden prestos a por su ración de choripán sin importarles demasiado aquello del rigor histórico. Son el contrapunto a los participantes en la recreación histórica, que ensayan durante semanas antes por la calle con una seriedad que da miedo.

Lo más curioso de esta peculiaridad viguesa es que en carnaval la gente no es especialmente activa. La mayoría de los ciudadanos pasan bastante del Entroido, no se respira el ambiente lúdico de otras urbes. Por tanto, habría que concluir que con un vigués no hay quien pueda. Basta que le digan que es hora de disfrazarse para que no lo haga cuando todo el mundo, sino cuando le peta.

begona.sotelino@lavoz.es