El gran líder del viguismo no deja de sorprender a quien le escucha con un mínimo de espíritu crítico. El regidor olívico pide a los comerciantes que hagan un esfuerzo por abrir las puertas de sus negocios cuando atraquen en nuestro puerto los cruceros, esos grandes centros comerciales flotantes llenos de turistas con ansias de vaciar sus bolsillos. Aduce el repartidor de carnés de celtismo que la ciudad debe mostrar un aspecto turístico que resulte atractivo a los visitantes marinos.
La petición hace recordar aquella parábola bíblica que aludía a la paja y a la viga; la paja, en el ojo ajeno, y la viga, en el propio, naturalmente. Porque mira tú, que Abel Caballero pide a los comerciantes lo que él no ha hecho hasta ahora. Si la ciudad de Vigo quiere explotar el turismo, es decir, mostrarse atractiva para los visitantes, tiene que potenciar todos sus valores, no solo sacar a la calle a los coros y danzas, que está muy bien.
Básico es que los turistas tengan objetivos en su deambular por las calles. La Pinacoteca Fernández del Riego se creó en pleno centro de Vigo para mostrar la colección de pintura gallega que almacenaba el Quiñones de León. Costó mucho dinero. Algunos opinan que más de lo que vale. Está ahí y debería explotarse su funcionamiento y no dejarla morir como ocurrió con el Verbum, museo mucho menos agraciado que este.
Pues lo lógico es abrir sus puertas cuando andan por las calles tantos extranjeros desorientados, que tanto van hacia arriba como hacia un lado. La información debería de sobrar, no obstante hay tres oficinas seguidas en el entorno del puerto. Y lo mismo con el resto de la red museística municipal. Toda dispuesta a resultar atractiva para quienes nos visitan porque las compras las van a hacer en cualquier otro sitio.
Los museos deberían abrir cuando los cruceros están
en la ciudad
jorge.lamas@lavoz.es