Un plan de usos y gestión fallido para un parque fallido

Antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

VIGO

Oscar Vázquez

Análisis del plan del Parque Nacional das Illas Atlánticas

25 feb 2019 . Actualizado a las 11:49 h.

Un plan rector de usos y gestión de un parque nacional persigue una doble finalidad: es un instrumento de planificación y gestión en el que se determinan sus usos, sus recursos, límites, aprovechamientos y actividades compatibles pero, sobre todo, es un documento estratégico para alcanzar un objetivo. El recién aprobado plan del Parque Nacional Marítimo Terrestre das Illas Atlánticas deja una duda: ¿Cuál es ese objetivo? Es difícil de responder ante tantas posibilidades abiertas, pero al menos, por descarte, nos facilita parte de la respuesta: el objetivo no es conservar su naturaleza ni sus recursos naturales.

Pocas veces un documento tan esperado, una década después de cuando se tendría que haber presentado, resultó tan decepcionante. Analizaremos en detalle los apartados de este plan, su cuestionable proceso de tramitación y los incumplimientos de los compromisos adquiridos con las organizaciones ecologistas, pero hoy solamente queremos hacer una primera aproximación.

El objetivo fundamental, que es lo que justifica la creación de un espacio natural protegido del que los parques nacionales son su máxima expresión, es la conservación de la naturaleza. Ese es el único objetivo. Todo lo demás es secundario y debe estar supeditado y ser compatible con el objetivo prioritario. Esto se traduce en la práctica en muchos aspectos, de los que el principal son las zonas de reserva, la parte del territorio en la que, por motivos de conservación, se prohíben las actividades humanas e incluso las tareas de investigación son muy restringidas y justificadas. Si menos del 0,5 % de la superficie total del parque nacional es considerada zona de reserva, la conclusión es evidente.

Que tras 17 años de su declaración sus zonas de reserva se hubieran mantenido ya sería incomprensible e injustificable. Estábamos lejos de imaginar que se redujeran tanto en el mar como en tierra y que incluso se redujeran sobre lo propuesto en el borrador inicial como ha sucedido. En el caso de las Cíes se presenta como gran avance que se reduce en 200 personas el número de campistas, no de visitantes. Si la afluencia humana fuera el principal problema, una reducción del 7 % no parece un gran logro cuando se siguen haciendo los máximos esfuerzos por aumentar el número de visitantes fuera de temporada estival. Convendría matizar que esa reducción de campistas, quizás, tiene más que ver con la falta de agua que con un interés por reducir la presión humana. La única zona de reserva marina del parque estará en las Cíes y supone unas mínimas 32 hectáreas de un total de 7.282. A efectos de conservación es irrelevante aunque al menos (no se contemplaba en el borrador inicial) incluye una zona importante de cría para el pulpo. Ojalá el resto de las especies y hábitats amenazados tuvieran planes concretos de conservación, pero incluso el cormorán seguirá su declive. Al menos los bañistas de «la mejor playa del mundo» tendrán la tranquilidad de que una red de enmalle no se los lleve puestos. Se agradece a efectos de seguridad, ya que también se reconoce en el documento que, por si el Prestige no nos hubiera enseñado nada, el parque carecía de planes específicos de lucha contra la contaminación ni otras medidas de seguridad, incluso para los visitantes, como la ausencia de desfibriladores, en islas que superan el tiempo límite de respuesta ante una evacuación urgente. Son solo uknos ejemplos.

El plan del parque nacional tiene al menos una virtud: su coherencia. Es un plan fallido para un parque nacional fallido. Diego Vieites, representante de los colectivos ecologistas en el patronato, se preguntaba en estas páginas si con estos condicionantes tenía sentido este parque. El documento final responde a esa pregunta. Si el objetivo es la conservación de la naturaleza, no tiene sentido. Si el objetivo es poder decir que tenemos un parque nacional, y poder presumir de ello mientras peleamos por si es tuyo o mío, mientras su razón de ser nos importa muy poco, entonces sí, aunque en realidad no sea un parque nacional sino… otra cosa.