El rastro del móvil, última baza para resolver el crimen del cráneo fracturado en Mos

VIGO

La investigación apunta a los datos recogidos por las antenas telefónicas de la zona cuando se cumplen cuatro años del posible ajuste de cuentas
16 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.José Luis Vila murió en abril del 2021 en la misma casa donde naciera hacía 55 años: número 66 de Estrada Real, lugar de Piñeiro, Sanguiñeda, Mos. Dos hermanos del difunto se toparon el cadáver en la cocina del inmueble, desangrado por un impacto en el cráneo. La cabeza, calva, presentaba un fuerte golpe, y las partes del cráneo incompleto seguían sobre el piso de la cocina. La desagradable escena fue corroborada por los especialistas de la Guardia Civil que inspeccionaron el inmueble. Ya los compañeros de la Policía Judicial de la Comandancia de Pontevedra destaparon el posible móvil del crimen: ajuste de cuentas o robo, en ambos casos motivado presuntamente por el negocio de la droga en formato de trapicheo. Las informaciones recopiladas sitúan en la misma vivienda donde nació y residió hasta su muerte Vila un punto de venta de heroína que atraía a diario, ya fuera de día o de noche, a clientes ávidos de la enésima dosis de caballo.
Cuatro años después, el caso sigue sin resolver, pero no porque la investigación se topase en un callejón sin salida. Los responsables de estos casos en la Guardia Civil en la provincia se han visto envueltos en otras investigación por más muertes violentas. Casi todas se han resuelto policialmente, y en ese contexto de vorágine, lo ocurrido a José Luis Vila en abril del 2021 sigue a la espera de desbloquearse. El principal hilo policial del que tirar es tecnológico. Se basa en analizar los datos recogidos por las antenas de telefonía móvil de la zona el día de autos, en la franja horaria concreta en la que alguien golpeó la cabeza de la víctima hasta matarla.
La labor de la Guardia Civil empezó días después de consumarse la muerte, al hallar el cadáver; un condicionante en cualquier caso de estas características. José Luis Vila vivía en la casa donde se crio con sus siete hermanos, de planta baja inacabada, primera altura y buhardilla habilitada para residir. Dos de los hermanos, el 2 de abril del 2021, por la tarde, hallaron el cadáver en la cocina en avanzado estado de descomposición. Llevaban demasiados días sin tener noticias de José Luis, y sus padres fallecieron hace años. Se toparon con la puerta principal cerrada con llave, sin forzar, y se colaron por una ventana. Lo siguiente fue sentir el hedor y encontrarse con el cadáver, delgado y muy alto, tirado en el suelo sobre sangre.
Sin cámaras
Otro condicionante para la investigación es que en esa zona rural de Mos no hay cámaras de videovigilancia públicas o privadas a las que recurrir en la busca de pistas. Tampoco hay testigos que vieran nada, más allá de una presencia constante de coches llegando a la vivienda para abandonarla en cuestión de minutos. Sobre las posibilidades que puede aportar la parte tecnológica de la investigación, no se descarta que el asesino o asesinos no portaran teléfonos móviles, precisamente para evitar dar pistas a toro pasado.
El único testigo de lo ocurrido fue el perro del fallecido, Paul, que nunca dejó solo el cadáver de su dueño en los días que permaneció muerto para seguir pululando por la vivienda. Incluso, ya con la Guardia Civil inspeccionando la casa convertida en escena del crimen, Paul deambulaba entre los agentes que buscaban huellas, restos biológicos y más pruebas en esta vivienda visiblemente deteriorada. Ya los vecinos, en los días posteriores al hallazgo del cuerpo en avanzado esto de descomposición, aseguraron: «Tiña problemas e ultimamente non estaba moi alá. A veces gritaba, ou viña polo camiño abaixo cantando, pero non se metía con ninguén. Podo dicilo eu, que xogou na miña casa dende neno. Non se metía con ninguén, e sobre si vendía, nós sabemos que o que vendía moito era un irmán que está preso [en abril del 2021]. Dende que prenderon o irmán xa non tivemos máis coches aquí».
La madre del muerto, que tuvo otros seis hijos, murió atropellada por el tren en el paso elevado de O Porriño. Era septiembre del 2000, tiempo después de que falleciera también el padre. Nada volvió a ser lo mismo para José Luis y sus hermanos.