Manu Martínez finaliza una carrera que incluye 27 años en el club
21 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Manu Martínez (O Rosal, 1988) aún no es muy consciente de que acaba de disputar su último partido con el Novás, en el que ha militado durante 27 años de una carrera que ahora llega a su fin. El eterno capitán del equipo cree que no lo será del todo hasta que comience una nueva pretemporada en la que él ya no será parte del equipo. La decisión estaba tomada hace tiempo y ha tenido que coincidir con un descenso, pero, convencido de que regresarán, se va satisfecho y agradecido. «Ha sido increíble ver tantas muestras de cariño de mis compañeros, del club, de la afición...», señala.
Al menos, pudo irse con triunfo y, aunque sea anecdótico, siendo el máximo goleador de su partido de despedida. «Salió todo redondo. Disfruté muchísimo y creo que el público también», relata. No oculta la «espinita» de perder la categoría, pero estaban mentalizados hace tiempo. «La temporada no fue nada fácil, ya no empezó bien y todo fue cayendo como piezas de dominó hasta que no se pudo hacer nada», acepta. Menciona marchas de jugadores importantes, cambios de entrenadores y demás factores que lo pusieron todo cuesta arriba.
Ante ese panorama, Martínez se va «contento y orgulloso» por haber visto cómo el equipo «daba todo». Y admite que lo dura que había sido ya la temporada pasada, a la que se sumó esta, está detrás de su adiós. «Sufrimos mucho y mentalmente, fue muy difícil, de mucho desgaste. El año pasado estuve muy cerca de dejarlo, pero este era un año ilusionante, con el 50 aniversario y se había hecho un equipo competitivo», aunque al final los contratiempo que fueron surgiendo pesaron más. Además, el jugador está en plena cuenta atrás para ser padre, lo cual también ha sido determinante. «Creo que era la mejor opción para las dos partes, también para que el club empiece de cero con gente nueva para pelear por subir», apunta.
De esta larga etapa, el rosaleiro se queda con que ha «sido muy feliz, disfrutado como un enano y hecho grandes amigos». «Jugar en el pabellón con mi gente me transformaba. No hay nada en la vida que me haya dado esa adrenalina, que es como una droga», compara. Repasa que han peleado contra grandes equipos y jugadores que hoy son top mundial, convirtiéndose en «un pueblo pequeño y modesto contra grande ciudades, equipazos y jugadorazos», lo que le hace sentir «muy afortunado».
No oculta que hace años que el momento de la retirada le generaba miedo. «Ahora, después de dos años tan duros, no soy muy consciente. Supongo que lo acabaré echando de menos porque ha sido un pilar fundamental en la vida», comenta. No tiene duda de que será un espectador asiduo a los partidos del equipo, pero lo que no tiene decidido este informático de profesión es si mantendrá más vínculos con el balonmano que ese. «Necesito una pausa y descansar, aparte de que me viene la responsabilidad de mi hija, que nace en un par de meses. Más adelante, cuando todo se estabilice, veremos si puedo echar una mano», dice dejando la puerta abierta.
Asegura haber aprendido de todos los entrenadores que ha tenido, entre los cuales menciona a Álvaro Senovilla, Manolo, Cholo o Modesto Augusto entre los que más huella le dejaron. Pero prevalece otro: «El que más me marcó fue Isma Martínez, a mí y creo que a todos. Era como un hermano, gran entrenador, personas y psicólogo. Nos ayudó mucho, fue el entrenador del ascenso y eso va a quedar ahí para toda la vida». Lo considera un amigo y agradece «el soporte increíble que te da siempre».
Confiesa Manu que sus ídolos de balonmano de niño no eran otros que los integrantes del primer equipo, con algunos de los cuales llegó a entrenar y jugar. «No es que cumpliera un sueño, es que lo superé; además, llegué a ser capitán. Ascendimos después de muchos intentos. Si el Novás fue a diez promociones, igual estuve en seis», calcula. Y luego, lograron una primera «permanencia agónica, pero preciosa».
Del equipo que lo consiguió, recuerda que eran «once canteranos, once chavales que fueron el proyecto del club en aquel momento». Y cree que por ahí pasa el futuro en gran medida. «No éramos mejores que ninguno, pero ese sentimiento que teníamos nos hacía dar siempre un paso adelante», expresa. No duda que se repetirá y él estará en la grada para celebrarlo.