El autor cubano-vigués Manuel Sánchez Dalama combina novela policial y romántica en su obra «Nada es para siempre» editada por Belagua
21 nov 2025 . Actualizado a las 01:18 h.Manuel Sánchez Dalama (Santa Clara, 1951), cubano afincado en Vigo desde hace 25 años, acaba de publicar la novela Nada es para siempre en la editorial viguesa Belagua. No es su primer libro —ya tiene varias novelas editadas en España y en Cuba—, pero este título supone para él un regreso simbólico a la urbe donde, sin saberlo, cerró el círculo vital iniciado por su padre un siglo atrás.
Su historia personal parece escrita por el mismo azar que atraviesa sus novelas. Su padre salió en 1922 desde Santa Eufemia do Courel hacia Vigo, recorrido que hizo a pie, y embarcó rumbo a la isla caribeña sin volver jamás. Murió allí con 92 años. «Lo último que vio de su patria fue Vigo», recuerda. Casi 80 años después, Manuel llegó a Madrid con cien dólares en el bolsillo, pero se marchó a Vigo a visitar a unos parientes y acabó instalándose en el mismo escenario que marcó la despedida de su progenitor. Se sintió arropado y además encontró trabajo enseguida. Con el tiempo llegaron su mujer y sus tres hijos. «Lo llamamos destino, pero yo hablo de mareas: te llevan sin que lo elijas», dice.
Manuel ha pasado por diferentes empleos a lo largo de su vida laboral, pero escribe desde siempre. Estudió Periodismo en Cuba aunque nunca pudo ejercer.
Nada es para siempre nació de una larga convalecencia tras un viaje a la Costa da Morte para llevar a un amigo al ver la casa de Man. Se cayó por un barranco y se fracturó la clavícula. Incapaz de acostarse durante meses, para no volverse loco caminaba a diario siguiendo siempre la misma ruta: O Calvario, Príncipe, Casco Vello y Náutico.
En esos paseos descubrió una fauna humana que se repetía cada tarde y que terminó inspirando a los personajes del libro: un aburrido prejubilado de Abanca, una lotera espiritual, un inmigrante bosnio, una prostituta del Casco Vello y un psiquiatra con una lucidez tan aguda como extravagante «al que le faltan dos tuercas», todos en una historia que combina amor, humor, crimen y reflexión. Ambientada en escenarios reconocibles, es también un retrato de la naturaleza humana. «Es una historia pensada para entretener, pero también para meditar. Todos tenemos los mismos sentimientos; lo que cambia es hacia dónde nos empujan las circunstancias», afirma.
No es una novela autobiográfica, insiste, aunque admite que algunas reflexiones personales se cuelan en el personaje del psiquiatra. «Yo no escribo sobre mí. Escribo sobre lo que observo, lo que intento comprender». Nada es para siempre combina «una historia de un amor compartido donde de cuatro, solo van a quedar dos», con el thriller. Y hasta ahí puede leer sobre una trama también policial que se sigue a través de la voz del narrador, el jubilado, por recortes de la prensa local sobre delitos cotidianos. También incorpora episodios reales que parecen imposibles y episodios inventados que parecen reales. «Las cosas extraordinarias, como la de los niños y las castañas de la suerte, las cuento como ocurrieron; las otras las hago verosímiles a fuerza de detalles», explica.
Curiosamente, fruto de un viaje a su país natal, la obra se editó primero en Cuba en el 2022, donde se agotó en semanas y llegó a proponerse al Premio Nacional de la Crítica. «Si se leía allí, cómo no se iba a poder leer aquí, en la ciudad en la que está ambientada», se pregunta. Cuando cayó en la contradicción, buscó una editorial y Belagua aceptó el reto. El autor destaca el cuidado y la implicación de las editoras, que han dado salida a un libro que dialoga directamente con la ciudad: sus calles, sus voces y sus contradicciones. «Vigo es mi patria, igual que Santa Clara lo fue para mi padre», zanja, ilusionado.