Desde Vigo a los confines de la Tierra: «La Antártida me ha cambiado la visión del mundo»
VIGO
Lorena Martínez alcanzó uno de los extremos del planeta en un viaje de vacaciones
21 nov 2025 . Actualizado a las 01:16 h.Una viguesa ha alcanzado uno de los extremos del planeta tras embarcar en Ushuaia rumbo a la Antártida. Después de visitar las siete maravillas del mundo, Lorena Martínez se fijó «un nuevo objetivo: alcanzar los extremos del planeta». En septiembre de 2024 viajó «al Ártico, a Svalbard», y este noviembre completó «el otro gran sueño: llegar lo más al sur posible y conocer la Antártida». «Me ha cambiado la visión del mundo», resume. «Te recuerda que somos visitantes y que este planeta hay que cuidarlo», reflexiona.
La travesía comenzó con el cruce del Pasaje de Drake, retrasado por «vientos de más de 50 nudos». En ruta, las olas «alcanzaban entre 6 y 8 metros» y el barco llegó «a escorar hasta 50°». Una reacción alérgica previa impidió que le funcionara la medicación contra el mareo: «Pasé los dos días de ida y los dos de vuelta totalmente mareada y vomitando, sin poder moverme de la cama». Aun así, siguió adelante: «Sabía que al otro lado me esperaba uno de los lugares más extraordinarios del planeta».
La llegada a la península Antártica borró el mal rato. «La sensación al llegar es difícil de describir: un continente entero sin apenas huellas humanas, un silencio roto solo por el hielo y los animales». Visitó Half Moon Island, Palaver Point, Charlotte Bay, Portal Point, Patagonia Bay, Neko Harbour, Telefon Bay y Walkers Bay, avistando pingüinos, ballenas, orcas, focas de Weddell, focas leopardo y elefantes marinos.
Uno de los momentos más intensos fue el polar plunge, el baño en aguas antárticas: «Contra toda lógica, no sentí frío: la mezcla de adrenalina, euforia y gritos de ánimo generó un subidón inolvidable».
La actividad reunió a 63 pasajeros en una playa de «menos tres grados, nevando, y con el agua a solo dos grados». El broche final de su viaje de vacaciones llegó al fondear en el canal Beagle. «Había una tormenta geomagnética G4 activa en ese momento». Tras avisar a gritos al resto del barco, el cielo comenzó a iluminarse: «En pocos minutos las luces se hicieron visibles a simple vista». «Incluso los guías, con más de 15 años de navegación, confesaron que nunca habían visto una aurora austral».