El día que la Guardia Civil tiroteó el bus del Celta al volver de jugar en Riazor

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

El autobús del Celta en un recibimiento de la afición a comienzo de los años cincuenta
El autobús del Celta en un recibimiento de la afición a comienzo de los años cincuenta

El 13 de noviembre de 1949 resultaron heridas en Valga cuatro personas que iban en la expedición del equipo vigués

26 nov 2025 . Actualizado a las 00:47 h.

Pasaba de las diez de la noche del 13 de noviembre de 1949 cuando los integrantes de la expedición del Real Club Celta reanudaron el camino tras cenar en un restaurante de Pontecesures. Estaban realizando el viaje de vuelta desde A Coruña, donde el equipo céltico había empatado a unos ante el Deportivo en partido correspondiente a la Primera División. El autobús tuvo que detenerse en Valga porque la Guardia Civil había parado a otro vehículo. «La pareja dio salida al primer vehículo y uno de los guardias se acercó al autocar del Celta linterna en mano, lo que el conductor interpretó como señal para la orden de marcha», señalaba posteriormente La Voz de Galicia.

Según la crónica periodística, el autocar avanzó unos metros, pero el ruido de disparos obligó al conductor a detener bruscamente el vehículo. Los periódicos aludían a un disparo, pero resultaron heridas cuatro personas que viajaban en los asientos traseros. Emilio González Ramírez, secretario del Club Berbés, que entonces era un equipo filial del Celta, sufrió una herida penetrante con orificio de entrada y salida en la cara externa de la pierna izquierda, «con presencia de un cuerpo extraño». Manuel Campos Casas, de 15 años, sobrino del entrenador celeste, Pasarín, presentaba una herida penetrante en la pierna izquierda, y «observación de cuerpo extraño». Eduardo Freire Simón, empleado del Club Celta, tuvo una herida penetrante con orificio de entrada y salida en el tercio medio de la pierna derecha. Y el cuarto afectado fue Jesús Gutiérrez Delgado, Borbollita, extremo derecho del club vigués, que tuvo un rasguño en la pierna derecha. Las heridas de los tres primeros fueron calificadas de pronóstico reservado y leve, la del último. Según los testigos, el disparo o disparos del guardia civil perforó la chapa metálica e hirió en las piernas a los afectados.

Denuncia

Tras la alarma generalizada, el preparador físico del club, Roberto Rodríguez Ozores, atendió en primera instancia a los heridos para, posteriormente, trasladarlos en vehículos particulares a la ciudad de Pontevedra. El resto de la expedición siguió el camino hacia Vigo en el mismo autobús. El presidente del Celta, Avelino Ponte Caride, el entrenador y otros directivos del club acompañaron a los heridos al cuarto de socorro de la Cruz Roja en Pontevedra. En este establecimiento de urgencias sanitarias atendió a los afectados por los disparos el médico Francisco López Pereira, auxiliado por el propio Roberto Rodríguez Ozores. Una vez practicadas las primeras curas, todos los heridos y sus acompañantes partieron para Vigo a las dos de la madrugada en coches particulares.

Según se puede leer en la prensa de los días posteriores, el presidente del Real Club Celta, que también presidía entonces la patronal de la conserva, presentó una denuncia en el Gobierno Civil de Pontevedra. Sin embargo, nunca más se volvió recoger dato alguno sobre el asunto, salvo que los cuatro heridos evolucionaban bien y estaban fuera de peligro. El peor parado fue Emilio González Ramírez al que, según El Pueblo Gallego, tuvieron que dispensarle mayores cuidados para evitar complicaciones. También era la persona de mayor edad afectada por los disparos del guardia civil.

15.000 vigueses

En aquel desplazamiento a la ciudad de A Coruña, el equipo celeste no estuvo solo. La Voz de Galicia contaba en la crónica de ambiente publicada tras el partido que acudieron unos 15.000 aficionados celtistas. «Los expertos en cálculos de masas aseguran que para este Deportivo-Celta se desplazaron a nuestra ciudad unos quince mil forasteros procedentes de diversos puntos de Galicia, aunque en su mayor parte del propio Vigo, donde, como es lógico, no quedó un solo ómnibus o coche de alquiler a disposición del pacífico vigués, que ajeno al deporte, hubiera querido alejarse unos cuantos kilómetros en dominguera excursión», narraba este periódico, y resaltaba la gran animación que mostraron las calles herculinas desde el sábado anterior.

«Sería curioso conocer con certeza el número de litros de vino que se despacharon el domingo en nuestra capital. En una tasca, muy popular, nos dijo su propietario que la consumición se había elevado a unos 3.500 vasos o tazas; es decir, novecientos litros poco más o menos, y dos veces más que en otro domingo cualquiera. La preferencia de los bebedores se inclinó hacia el blanco Ribeiro en proporción de dos a cinco con respecto al tinto», añadía el periodista.

Del partido, todos dicen que fue aburrido y malo, quizá por ello se llegó al manido reparto de puntos. Comenzó marcando el equipo blanquiazul en el minuto 66 por mediación de Martín. El empate vigués llegó ya casi al final del partido. Fue en el minuto 88 cuando consiguió el tanto de la igualada Sobrado. En las filas celestes alinearon nombres importantes de aquella generación, como Hermidita, Mekerle, Yayo o Alonso. Este último estuvo en la selección española que protagonizó la victoria contra Inglaterra en el Mundial de Brasil.

Tras el regreso del Real Club Celta a Vigo, y salvo un par de breves en la prensa, ya nada se volvió a saber de aquel turbio asunto, ni si el guardia civil fue sancionado. El domingo siguiente, Balaídos esperaba al Barcelona y todas las noticias se centraban en el asunto deportivo. Y, sobre todo, porque los vigueses vencieron a los catalanes por seis goles a cuatro. Naturalmente, no disputó aquel encuentro Jesús Gutiérrez Delgado, que al año siguiente se despediría de Vigo.

Con su suscripción puede acceder a todas las noticias publicadas en La Voz de Galicia, desde 1882 hasta hoy, buscando por palabra clave