Vecinos de Vigo hartos de las urracas: «Nos dejan los coches como trajes de sevillana»

alejandro martínez VIGO / LA VOZ

VIGO

cedida

La lluvia de excrementos de las pegas que pernoctan en árboles de una calle de Lavadores dañan los vehículos de los vecinos

19 dic 2025 . Actualizado a las 00:36 h.

En la calle Portela, en la parroquia viguesa de Lavadores, el problema empieza cada día a la misma hora. Cuando cae la tarde y baja el sol, decenas de urracas llegan a unos árboles situados en una zona de aparcamiento para pasar la noche. A la mañana siguiente, los vecinos ya saben lo que les espera: coches cubiertos de excrementos y una nueva jornada marcada por la sensación de abandono.

«A partir de que empieza a bajar el sol vienen las urracas y nos dejan los coches como un traje de sevillana», explica una vecina. No es una imagen exagerada. Los parabrisas, los capós y los techos aparecen salpicados de restos que no se eliminan con una limpieza rápida. «Mi coche va a hacer dos años y tengo que meterle la manguera a presión porque no sale. Aparco a las ocho de la tarde y a la mañana siguiente está hecho un asco», relata.

El problema se agrava porque en la zona apenas hay alternativas para estacionar. A un lado de la calle hay casas pequeñas; al otro, edificios de seis alturas más garajes. En las inmediaciones se concentran un centro de síndrome de Down, un punto de encuentro para niños en acogida, una piscina, un colegio, dos guarderías, un pabellón y la Escola Oficial de Idiomas. «No hay aparcamiento más que debajo de estos árboles», señala la vecina. Quienes acuden a la escuela de idiomas o a los equipamientos cercanos aparcan allí y, al volver, «se echan las manos a la cabeza» al ver el estado de sus coches.

Otro vecino resume el malestar con pocas palabras: «Es una plaga y revientan la pintura de los coches». Explica que durante el día aún se puede esquivar el problema, pero que por la noche es imposible. «De día te salvas, pero de noche no. La gente evita aparcar aquí, pero no hay dónde», añade.

Caídas

Las molestias no se limitan a los vehículos. Las raíces han levantado las losetas de la acera, creando desniveles peligrosos. Cuando llueve, la suciedad acumulada convierte el pavimento en una superficie resbaladiza. «El suelo está lleno de heces, la gente patina y se cae», advierte otro residente. Según los vecinos, los árboles llevan varios años sin una poda adecuada. «Cuando hace aire, cuidadito, cualquier día caen ramas encima de una casa o de un coche», alertan.

La comparación con otros tramos cercanos resulta inevitable. «Desde Martínez Garrido hasta A Pateira y la iglesia de Santa Cristina los cortan todos los años y aquí parece que no existimos», lamentan. «Pagamos impuestos como si estuviéramos en pleno centro, pero no contamos para nada».

Las reclamaciones se acumulan desde hace años. Hablan de un problema que arrastran desde hace más de quince. Han presentado escritos en el Concello, reclamaciones a través de la página del ciudadano y han recogido firmas para que el Ayuntamiento tome alguna medida. También han intentado ahuyentarlas con aves de cetrería sin éxito.