Las pintadas afean espacios naturales de Nigrán, O Porriño y Redondela

La senda del río Muíños y As Gándaras de Budiño son dos de los ejemplos más visibles


nigrán / la voz

Pintadas y grafitis suelen tener como mejores soportes los muros urbanos, pero cada vez son más los que se plasman en pequeñas localidades y, lo que es peor, en sus entornos naturales. Es lo que sucede en la senda del río Muiños de Nigrán, donde, entre un paisaje privilegiado se advierte una edificación recubierta totalmente de grafitis y una especie de túnel no menos decorado. Al tratarse de lugares recónditos resulta mucho más complicado localizar a los autores.

La ordenanza municipal de Nigrán es clara y prohíbe la realización de cualquier tipo de grafiti, pintada, mancha, grabado o inscripción, ya sean hechos con tinta, pintura, materia orgánica o semejantes. Solo se pueden hacer murales o grafitis artísticos en caso de contar con autorización del Concello y del propietario del muro o inmueble donde se va a realizar.

Las sanciones pueden ir desde los cien euros las leves a 600 las muy graves. Además, si el daño se produce en bienes de titularidad pública se exige al infractor la reposición a su estado original y, si esto no es posible, tiene la obligación de indemnizar. El problema es que la mayoría de las veces se desconoce al autor de las pintadas, lo que evita tomar medidas, además de suponer un gasto adicional para el Concello.

Otro espacio natural que no se libra de este tipo de actos vandálicos es las Gándaras de Budiño. En plena naturaleza y muy próxima a los observatorios de aves se encuentra una pequeña edificación repleta de inscripciones de todo tipo. El Concello de O Porriño carece de una normativa específica de rango municipal para este tipo de actuaciones y aplica la regla general de la Xunta.

En A Guarda, donde se cuida mucho el aspecto y color de las fachadas, se obliga a los propietarios a tener los inmuebles limpios y en buen estado, lo que hace que se mantengan vigilantes ante cualquier acto vandálico.

En Tomiño no existe una normativa específica para los grafitis y pintadas, aunque una ordenanza municipal sobre convivencia y limpieza viaria hace referencia a «conductas vandálicas y negligentes en el uso del mobiliario urbano».

Algo similar es lo que tiene Baiona, donde se exige a los vecinos tener en perfectas condiciones tanto las zonas de uso residencial como los núcleos rurales con sujeción a las normas sobre protección medioambiental. Sin embargo, parece que no amedrenta mucho a los vándalos, ya que en este municipio se ceban sobre todo con el casco histórico, igual que sucede en Tui.

Uno de los concellos con una normativa más completa sobre convivencia es el de Gondomar, aunque en lo que se refiere a pintadas es bastante genérica y prohíbe deteriorar los espacios públicos.

Pero si hay un concello que sufra más estas fechorías, tanto en espacios medioambientales como urbanos, ese es Redondela. El responsable de Jardines ha llegado a pedir a los vecinos que las denuncien para acabar con esta lacra. En Ventosela se descubrió un reguero de pintadas en un parque. Y este no es el único caso del municipio. En Chapela las pintadas son la tónica general, tanto en espacios naturales como urbanos. La asociación de vecinos decidió tomárselo con humor y convocar un concurso de fotografía para visibilizarlas y denunciar la situación. Lo máximo fue un vagón de Renfe situado en la estación de ferrocarril de Redondela, aunque en este caso los autores fueron pillados con las manos en la masa.

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