Kaurismäki estrena su nuevo filme en Vigo, donde aún quiere rodar

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO | LA VOZ

VIGO CIUDAD

Oscar Vazquez

El cineasta finlandés premiado en Berlín por su última obra dilata el momento de contar la historia de un barbero vigués

31 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Que Aki Kaurismäki y Golem, la distribuidora de su nueva película, Al otro lado de la esperanza, apuesten por Vigo para la presentación de su nuevo trabajo es un lujo para cualquier amante del cine y otro paso adelante para los que tienen confianza en su recuperación como acontecimiento cultural y acto social.

Todo eso junto sucedió esta semana en los Multicines Norte. Tras el pase del miércoles, el cineasta finlandés atendió al día siguiente a los medios sin despegarse de su cigarrillo electrónico ni de su peculiar humor. Con ello, el nórdico de rudo aspecto logra transformarse en un simpático humano que arrastra su pesimismo esperanzado por el mundo, y confiesa que quiso en este último filme hacer un homenaje al ingenio de Chaplin. «Pero yo no soy él», lamenta.

Con El otro lado de la esperanza, Oso de Plata a mejor director en el Festival de Berlín, donde se ha estrenado a nivel internacional, su trabajo conquistó a la crítica con una historia en la que narra los avatares en Helsinki de un refugiado sirio, un tema que aborda con crudeza sin olvidar la sonrisa y que forma parte de las preocupaciones que refleja en su cine. «Siento la misma responsabilidad moral hacia Finlandia aunque no viva allí», declaró. El realizador, que reside cerca de Viana do Castelo, al norte de Portugal, desde hace casi tres décadas, lleva varios años dándole vueltas a la idea de rodar en Vigo. De hecho, en el coloquio posterior al pase reconoció que le hubiera gustado que su filme Le Havre se hubiera desarrollado en el puerto vigués. «Lo habría pasado muchísimo mejor», afirmó. Pero le ha dado vueltas a más proyectos vinculados a la urbe gallega y lo reiteró: «Tuve una idea para una película que llamaría El barbero de Vigo. El protagonista es un chico con cinco hermanos, todos son pescadores y él solo un ayudante de barbería. La historia tiene un final feliz, a lo Disney. Y eso es todo lo que tengo. Pero no la haré nunca. O tal vez nunca. O a lo mejor, sí», vaciló. Las razones por las cuales no hace esa idea en realidad fluctúan entre bromas: «Necesitaría un hotel de 5 estrellas y una limusina. Es broma. No me gusta la ostentación. Me importan una mierda esas cosas. Prefiero un hotel barato donde pueda observar a la gente», zanjó.

En Berlín, el cineasta declaró que estaba pensando dejar su oficio y ayer reiteró que no habría próximo proyecto. Pero añadió: «Sigo siendo joven. Me gustaría parar, pero no puedo». Kaurismäki reveló que lo que más le gusta de hacer cine es el montaje de la música, «porque lo cambia todo». Sobre el humor en su obra como modo de abordar temas tristes, indicó que es «un hombre tranquilo». «Parece que nada me importa, pero lo que no aguanto es que a la gente no se la trate bien. Con eso pierdo los estribos, me vuelvo loco», subrayó, y explicó que siempre salen perros en sus filmes (en este también) porque los adora: «Me gustan más que las personas. Ellos siempre confían en ti».