Ellos son los Greta Thunberg gallegos

En este colegio los alumnos plantan sus verduras, cosechan hortalizas y comen los huevos de las gallinas que crían. Los conflictos en el patio han desaparecido y la integración en un barrio con un alto índice de inmigración fluye gracias a tener los pies en la tierra


Cuando suena el timbre no salen disparados a pelearse por una pelota. Los alumnos de este colegio público de A Coruña, San Pedro de Visma, hacen turnos para dar de comer a las gallinas, regar las coliflores o cavar una zanja. «Cal é o ambiente que respiras aquí? Verdade que non hai gritos?», pregunta el profe de Naturais en sexto de primaria y coordinador de dinamización de medio ambiente, Xulio Gallego. El maestro tiene razón. En un centro con 362 alumnos los recreos son un oasis en el que los escolares se relajan trabajando en la huerta, el espacio verde en el que han convertido el recinto. «Os conflitos no patio praticamente se reduciron a cero», presume el director, Juan Manuel Pérez Yáñez.

La transformación comenzó hace seis años. Implementaron actividades voluntarias y otras obligatorias a raíz de una acción sobre las meriendas saludables. Con los restos de las frutas hacían compost y los plásticos los compactaban. La iniciativa creció gracias al compromiso de los docentes y al soporte de la oenegé Ayuda en Acción.

Hoy tienen dos huertos diferenciados, uno con verduras de temporada, como brócoli, grelos o chícharos, y otro de aromáticas, con hierbaluisa, menta, chocolate o lavanda; un terrario donde reproducen un ecosistema de charca que les permite criar tritones, una especie protegida; un invernadero donde trabajan con semillas, y la estrella del patio, el gallinero. «Hai lista de espera para coidar as galiñas», bromea, muy en serio, el director del centro. «É moi bonito ver como os maiores lles din aos pequenos: ‘Os repolos son moi ricos’», dice con una sonrisa Xulio. «Os 30 minutos do recreo fanse curtos», asiente Fabián Canosa, otro maestro.

LOS RECREOS. Se enfundan los guantes y cogen la carretilla de forma voluntaria. No es una actividad obligatoria de clase. Así disfrutan en este centro los recreos: plantando, regando o quitando malas hierbas. Las solicitudes de matrícula crecen exponencialmente desde hace unos cuatro años en este colegio ubicado en uno de los barrios con mayor tasa de inmigración de la ciudad, con menor renta per cápita y, también, con menos árboles por vecino. Ahora, «pais da outra punta da cidade, da Calle Real ou dos Castros, mesmo de concellos veciños coma Arteixo, traen ata aquí os nenos», destacan desde la dirección de CEIP San Pedro de Visma
LOS RECREOS. Se enfundan los guantes y cogen la carretilla de forma voluntaria. No es una actividad obligatoria de clase. Así disfrutan en este centro los recreos: plantando, regando o quitando malas hierbas. Las solicitudes de matrícula crecen exponencialmente desde hace unos cuatro años en este colegio ubicado en uno de los barrios con mayor tasa de inmigración de la ciudad, con menor renta per cápita y, también, con menos árboles por vecino. Ahora, «pais da outra punta da cidade, da Calle Real ou dos Castros, mesmo de concellos veciños coma Arteixo, traen ata aquí os nenos», destacan desde la dirección de CEIP San Pedro de Visma

MÁS RESISTENTES Y PACIENTES

Han conquistado a los alumnos. «Lo más importante es que tengan un lugar cálido para poner los huevos. Y las acelgas, ¡les encantan!», subraya con una solemnidad abrumadoramente adulta Samuel. Sus gallinas tienen nombre y son mansas. Verdosa es su favorita.

«Témonos que encargar de que o galiñeiro estea limpo, de que teñan comida e auga. Foi tan gratificante a primeira vez que puxeron ovos. Na casa, meus pais sempre din: Están boísimos! Nada que ver cos do súper», cuenta con satisfacción Leda Tinaquero.

Antía Oria se afana en arrancar las malas hierbas de los bancales. «Este año no tuvimos suerte con los repollos por una plaga, pero tenemos puerros», se congratula. «Lo mejor es ver cómo crecen las plantas», añade Candela Martínez. «Neste barrio, na Agra do Orzán, non temos moitos espazos verdes, excepto este, o colexio. Aquí temos menos contaminación», suelta Artai Miragaia. Cuesta diferenciar quién es el adulto y quiénes los escolares al pasar un rato con ellos.

Cuando se pregunta por Greta Thunberg, los mayores asienten con la cabeza. «Greta non se corta un pelo. Di as cousas claras. Estámonos a cargar o planeta», responde Leda. Artai también confiesa su admiración por la joven activista sueca e iniciativas como Fridays for Future. «Non sei como a ningunha empresa se lle ocorre o negocio de levar barcos a recoller plásticos», propone.

«Eles son máis adiantados. Comezaron con isto hai cinco anos», defiende el director. «Ter os pés na terra ensínalles a ser pacientes, hai que agardar a que as cousas crezan; fainos máis responsables, coidan das plantas e dos animais; e tamén máis resistentes ante a frustración, cando os vermes comen as verduras ou o raposo, como o ano pasado, as galiñas», expone Julio. «Sen dúbida, eles van cambiar o mundo. Non será igual se xa os criamos con estes valores. O que lles transmitimos aquí, lévano á casa, e tamén á súa madurez», desliza el maestro de Naturais. 

El entorno en el que se encuentra el colegio hace aún más meritorio lo alcanzado. «Un terzo das familias destes nenos teñen unha renda de 5.400 euros anuais. Neste barrio hai un alto índice de inmigración, temos 21 nacionalidades. O maior premio é que pais de concellos veciños ou do outro lado da cidade queiran traer aquí aos fillos. Case esgotamos as prazas, e estamos por riba da media galega nas notas do Informe PISA», detalla Juan Manuel. Xulio se queda pensando, y dice: «O nivel de felicidade que hai neste colexio non o mide ningún informe».

1. EL INVERNADERO

Cuidan plantones y semillas. «É unha clase viva. Non é o mesmo falar de raíces principais e secundarias que traballar con elas», dice el profesor Xulio Gallego.

2. DOS HUERTOS 

Tienen uno con las verduras de temporada y otro para plantas aromáticas. Ahora es la época de los repollos o la coliflor. Hacia la primavera plantarán las lechugas, como la Maravilla de Verano. Todo, destacan, sin fertilizantes.

3. LISTA DE ESPERA EN EL GALLINERO 

Cuando toca el timbre, las gallinas saben que llega su recreo y los mimos. Son mansas, se dejan coger y tienen nombre. «Os ovos están riquísimos!», dice Leda, una alumna. Los mayores enseñan a los pequeños de Infantil a mantener el gallinero limpio y las provisiones de agua y comida a punto. Como recompensa, se reparten los huevos que ponen Verdosa y sus compañeras pitas.

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