Marta, granjera y lesbiana: «Aquí, en la aldea, da igual con quién te acuestes»

CARME D. PROL / S.F

YES

Susana Milnes

Es una de las promotoras del Agrocuir, una iniciativa que busca reivindicar el rural como un lugar de diversidad y respeto en Monterroso

20 sep 2021 . Actualizado a las 20:03 h.

Cada vez más gente se muda al campo para disfrutar de un estilo de vida más tranquilo, sin embargo, estas no fueron las razones que llevaron a Marta Álvarez a trasladarse a Monterroso (Lugo) y hacerse granjera. Ella tomó la que llama la mejor decisión de su vida por amor, y desde la llamada Granxa Maruxaina y el festival de temática queer que nació ahí, el Agrocuir, ha transformado la comarca, haciéndola un referente de diversidad.

Marta llegó a la ciudad de Lugo para estudiar Empresariales, y allí encontró la «libertad total y absoluta», aunque ella ya había salido del armario como lesbiana en Vigo, su ciudad natal, con 16 años. «Tuve suerte y pude salir del armario muy pronto porque mi familia era muy progresista y lo aceptó, siempre hay alguien a quien le cuesta más, pero en ese sentido no fue un problema. Por otra parte, iba a un colegio de monjas y en general estaba más retraída», recuerda Marta.

Después de una época en Lugo, de la que no recuerda ningún tipo de discriminación por su sexualidad, Marta se mudó a Monterroso, el lugar de origen de su padre, que abandonó por la misma razón por la que ella llegó años después, el amor por una mujer. «Me enamoré de una chica de ahí. Mi padre conservaba la granja, que tenía alquilada, y un día las vacas se escaparon. Como yo estaba cerca, fui sola a buscarlas, y en ese momento decidí hacerme cargo de ellas. Al principio fue muy duro, pero fue la mejor decisión de mi vida», explica la granjera. La misión de Marta enseguida fue mucho más allá y se dedicó a «abrir puertas por todos lados». «Cuando llegué había como cuatro lesbianas declaradas, y ahora Monterroso es un referente de lo queer en el campo», asegura. Además, ella presume orgullosa de su profesión: «Una vez una amiga me dijo que le daría vergüenza contar que se dedica a cuidar vacas, tener un tractor... ¡Vergüenza ninguna, no sabía lo que ligaba yo con eso!», recuerda entre risas.