¿Sexo a partir de los 70? ¡Claro que sí!

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Hay alegría más allá de la penetración. Busca tu propio camino erótico y descubrirás que también las relaciones pueden ser satisfactorias e igualmente placenteras. Aquí te decimos cómo

01 dic 2021 . Actualizado a las 15:56 h.

El desguace, para quien lo quiera. Porque tú sabes que aún no estás dispuesto a tirar la toalla por mucho que hayas cumplido 70 o los superes con creces. Tienes ganas de vivir, de gozar y por qué no, de seguir experimentando el placer con mayúsculas con tu pareja. Aunque tu cuerpo no responda igual que antes, eso no significa que no puedas mantener sexo. Puedes y debes seguir intentándolo, aunque tengas que buscar otras vías eróticas que hasta ahora no habías probado. Descubrirás que pueden ser igual de placenteras que la penetración. Porque la llave del éxito la tienes tú. No te agobies, solo déjate de llevar y explora tu cuerpo con tu pareja o el modelo amoroso que hayas elegido. Os sorprenderéis. Para ayudarte, hablamos con varias sexólogas que nos dan las claves para que la edad no suponga un obstáculo a la hora de seguir sintiendo placer.

«Para poder tener placer, erótica y disfrutar no hay un límite de edad. ¿Puede haber algunas prácticas que se dificulten dependiendo de la edad? Pues sí. Pero también es cierto que dependiendo de la vida erótica que hemos llevado anteriormente, vamos a tener unas herramientas u otras para seguir disfrutando de los placeres que nos puede dar nuestro cuerpo», explica Penélope Alonso Vázquez, sexóloga y socia de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), que considera que «la piel no tiene edad y las sensaciones placenteras tampoco». Por eso es muy importante tener la mente abierta para explorar nuevas vías, una característica que, curiosamente, no está relacionada con la edad sino con otros aspectos: «Tiene que ver con cómo eres y lo que estás dispuesto a cambiar y a experimentar, a explorar, a pensar, a salirte del esquema de pensamiento en cuanto a erótica».

Sobre este aspecto, la sexóloga Aránzazu García incide en el hecho de que hay vida más allá de la penetración: «Hay personas que en cuanto dejan de tener relaciones con penetración, directamente dejan de tener cualquier tipo de sexo. Y luego hay otras que tienen sexo sin penetración, que se excitan, juegan... Los varones, aunque no les resulte igual de fácil, pueden llegar a eyacular incluso sin erección, con una estimulación un poco más rápida y entonces siguen jugando así, a su manera. Las mujeres no tienen tanta dificultad, sobre todo, si no hay penetración y luego hay hombres que utilizan Viagra», explica García, que recuerda también que este medicamento solo se puede utilizar bajo prescripción médica: «Recuerdo a un paciente que tenía unos 95 años y era increíble. Decía que todos los sábados tenía relaciones con penetración. Contaba que a su mujer, que era más joven que él, le gustaba mucho, y entonces todos los sábados se tomaba la pastilla y por la mañana tenían relaciones».

Pero más allá de la Viagra, hay todo un mundo por descubrir, un camino en el que cada uno tiene que descubrirse y, sobre todo, dejar a un lado las frustraciones: «Esto al final es un camino de experimentación y que las personas estén abiertas a poder experimentar y a poder ir cambiando de recursos. Evidentemente, te podría decir las caricias, investigar las reacciones de tu cuerpo ante determinadas estimulaciones es el camino», aclara Alonso que es consciente que no todo el mundo es capaz de iniciar ese viaje. «Depende de los valores que tengamos y del modelo de sexualidad que hayamos vivido, a veces nos imposibilidad hacer esos recorridos. Cuando una persona está muy centrada en conseguir orgasmos en una práctica como puede ser la penetración, a veces salir de ese esquema nos cuesta. Pero eso no es cuestión de edad tampoco. Es cuestión de apertura a la experimentación».

ESTIMULACIÓN Y BESOS

En ese camino, García también destaca «las caricias, los besos, los abrazos, la estimulación de distintas maneras», en la que hay que dejar que vuele un poco la imaginación y sentirnos libres para hacerlo. A la pregunta de si todo este viaje puede llegar a ofrecernos relaciones tan satisfactorias como las que da la penetración, responde: «Satisfactorias sí, pero son diferentes». Y recomienda la apertura de mente y la flexibilidad para salir con éxito de los impedimentos físicos que nos provoca ir cumpliendo años, así como de los desajustes que puede haber en la pareja relacionados con la edad: «Uno de los motivos más frecuentes por los que vienen las parejas a la consulta, pero no solo en la vejez, es la diferencia de frecuencia del deseo. A la mujer los años le afectan menos que al varón. Es cierto que tiene atrofia vaginal, menor lubricación, más sequedad, menos flexibilidad en la vagina, pero esto no tiene por qué ir acompañada de una disminución de la libido, ni de la capacidad del orgasmo. En la menopausia suele bajar un poquito, pero no es lo más definitorio. Y luego a partir de ahí no hay cambios tan llamativos como en el varón», explica García antes de indicar que los hombres van experimentando una reducción gradual de la potencia sexual a partir de los 20 años, que sería su momento de mayor plenitud: «Así como a los 20 y a los 30, claramente a los hombres les apetece más que a las mujeres. También, probablemente, a los 40. A los cincuenta ya están más equiparados, y a partir de los 60 y de los 70 la libido de la mujer no se resiente tanto, pero en el de los varones sigue disminuyendo. Y entonces ahí puede haber un desfase». García aboga incluso por acompañar a la pareja en su deseo para arreglar estos desajustes: «Igual que no tienes hambre, pero te sientas a la mesa para acompañar mientras otro come y es probable que termines picando, pues en lo sexual es similar. Hay veces que a uno le apetece y al otro no, pero con cariño y con tranquilidad, le acompaña sin ninguna autoexigencia».

Para la sexóloga Raquel Graña, a partir de los 70 comienza un camino de «reaprendizaje a nivel sexual», provocado por las limitaciones físicas que van surgiendo, y que hace que la relación se dirija hacia «una erótica más afectiva o distinta, más centrada en besos y en caricias, en roces, en masturbación...» y se deja de lado el coito. Considera que la mejor forma de adaptarse a este cambio es «entender que el cuerpo tiene una función biológica y un límite y salir un poco del coitocentrismo y el falocentrismo»: «Cuidar mucho la parte afectiva y de comunicación y una parte también de reconquista y de cuidado mutuo», aclara.

Por su parte, Alonso pone el énfasis también en la necesidad de alejarnos antes del coitocentrismo porque «si siempre se le ha dado mucha importancia a los genitales y a los orgasmos, luego cuando el cuerpo va cambiando se encontrará con más dificultad que otra persona más abierta a buscar el placer en muchos otros lugares que no sea exclusivamente en los genitales», por eso es importante abrir la mente, también en el sexo.