
Lleva el arte en sus genes. Le sale a borbotones, pero sabe que las cosas no le han caído del cielo. Solo a través del trabajo y el esfuerzo le llegó la oportunidad. «Me alimento de la vida, del día a día, de observar a la gente en la calle», dice
08 may 2023 . Actualizado a las 14:44 h.La pillamos en mitad de una pausa comiéndose unas lentejas de su madre Carmina Barrios. «Cada día le salen más ricas», asegura entre risas. María León (Sevilla, 1984) está feliz. Entre cucharada y cucharada, confiesa que las segundas partes le gustan más que las primeras, como le sucede a Lola en la serie El hijo zurdo. Con un goya y una concha de plata por La voz dormida, la de Sevilla no para.
—Acabas de estrenar «El hijo zurdo», además te vemos en «Heridas», en «Mentiras pasajeras» y estrenas «Cerrar los ojos». ¿Es el momento de María León?
—Por suerte sí, es mi momento. Y cuando pasan cosas buenas y bonitas hay que decirlo y sentirse agradecida. Estoy viviendo una de las mejores etapas de mi carrera y me siento feliz. Me siento muy afortunada por los interesantes proyectos que estoy realizando, porque cuentan conmigo y esa es la mejor de las recompensas. Y no es fácil mantenerse en este oficio, tan inestable e inseguro, en el que hoy estás y mañana quién sabe.
—¿Crees en la suerte o solo se encuentra trabajando?
—Creo en el trabajo y en el esfuerzo y, al final, surge la oportunidad. Es verdad que, a veces, no sale a la primera ni a la segunda, pero hay que seguir adelante. Lo que tengo claro es que la suerte no va a buscarte a tu casa. Hay que buscarla con esfuerzo y dándolo todo.
—En «El hijo zurdo» interpretas a una madre de clase acomodada alcohólica, que ve cómo su hijo se refugia en un grupo neonazi. ¿Aceptaste el papel de inmediato?
—Una vez que hice las pruebas para el personaje, me reuní con Rafael Cobos, el director, y me contó que me veía como Lola. «¿Estás seguro? Mi carácter y el de Lola son opuestos. Ella arranca desde la oscuridad más absoluta, sin alma», le dije. No me lo pensé dos veces y me tiré a la piscina. Vi que era un reto y me apetecía afrontarlo. Hoy estoy supercontenta con el resultado.
—¿Cómo te metiste en la piel de Lola?
—Es un thriller emocional en el que en lugar de interpretar para contar y sacar hacia fuera, ha sido al contrario. Expresar hacia el interior, mantenerme dentro de Lola y sentirla con su tristeza y su incomunicación. Pero, sobre todo, me he dejado llevar y he ido acompañando a Lola emocionalmente en este intenso viaje.
—¿Qué huella ha dejado Lola en María León?
—He aprendido mucho actoralmente. Me ha enseñado a desarrollar el oído y la escucha, pero también la empatía. Y a nivel personal me ha descubierto rincones que nunca antes había explorado como escucharse a una misma, saber pararse a tiempo y ver qué necesitas y cómo te sientes.
—¿Te costó desprenderte del personaje cuando se acababa el rodaje?
—No, una vez que cortábamos, yo dejaba a Lola y volvía a María. Es cierto que fue un rodaje muy intenso a nivel emocional y físico, porque rodamos en verano en Sevilla y pasamos mucho calor. Hubo un gran desgaste por la carga emocional, pero me recuperaba con las comidas que me preparaba mi madre.
—¿A qué te agarras cuando en la vida vienen curvas?
—A los amigos y a la familia, a mi madre y a mi hermano Paco, sobre todo. Me siento muy arropada y querida por ellos. Ellos me quieren desde la honestidad, que es lo más difícil, cuando te dicen lo que no está bien, lo que a veces no quieres escuchar.
—Lola se imagina abandonando a su bebé. También es un relato sobre otro tipo de maternidad...
—Claro. Es que no hay una sola manera de ser madre. Además, cuando una mujer se convierte en madre no tiene un libro de instrucciones. Esta es la historia de una madre que no es una heroína, que tiene posibilidades, que vive bien. Y sin embargo, no es feliz y tiene depresión.
—En definitiva, una historia de segundas oportunidades.
—Eso. Te confieso que las segundas partes me gustan más que las primeras. La vida trata de permitirte ser vulnerable, de darte una oportunidad y de aprender de los errores. ¿Quién no se ha equivocado.
—Y, ¿cómo dirías que es María León?
—Valiente. No me detengo, me expongo a nivel emocional, voy siempre de frente. Esconderme nunca y eso me ha hecho sumar en mi carrera.
—¿Siempre soñaste con ser actriz?
—¡Qué va! De adolescente tuve muchas dudas. Me perdía bailar, pero también con cualquier golosina me distraía. Y fue mi hermano Paco, el que se sentó un día conmigo y me dijo: ‘Intuyo que la interpretación es lo tuyo y se te puede dar bien'. Le escuché, decidí formarme, funcionó y aquí sigo.
—¿Qué es con lo que más disfrutas?
—De la interpretación me gusta todo, hasta los madrugones. ¡Ja,ja,ja,ja! Aprendo de la técnica, me encanta lo artístico, me gusta el vestuario y el maquillaje. Todo. Soy muy intensa.
—Tienes un goya y una concha de plata por «La voz dormida». ¿Cómo lo recuerdas?
—Me recuerdo tan blandita, tan joven. Aquello fue un sueño hecho realidad. Me sentía una estafadora, porque hice un personaje precioso, disfruté muchísimo, aprendí tanto y me recompensaron con dos importantes premios. No me lo creía. Fue mágico.
—¿Quiénes son tus referentes?
—Me gustan muchos actores, pero sobre todo, me alimento de la vida, del día a día. De observar por la calle a la gente. Me siento en el parque de mi casa y ahí están mis referentes, la madre con los niños, la abuela, la novia...
—¿Hacia dónde te gustaría llevar tu carrera?
—Quiero seguir dejándome llevar porque me ha ido bien. Ahora mismo, estoy muy ilusionada y agradecida, y solo quiero seguir contando buenas historias y después ya veremos.
—Has mencionado a tu madre y a tu hermano Paco en varias ocasiones.
—¡Sí! Lo compartimos todo, hablamos, nos reímos, nos aconsejamos, pero la decisión, luego, es de cada uno y lo respetamos. Es curioso, porque hablamos mucho de comida, pero del oficio no hablamos casi nada. Carmina nos prepara comida para que estemos bien alimentados, nos manda táperes y nosotros tan felices.
—Y, tras un día intenso de rodaje, llegas a casa y…
—Me doy una buena ducha, me pongo flamenco de fondo y me dedico a regar y a cuidar mis plantas, y como nueva. Me encanta charlar con mis plantas, me relaja mucho.