«Cuando el futbolista la lía, me echan a mí la culpa»

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Estos nombres te van a sonar: Marta y Amancio Ortega, Pedro Sánchez, Penélope Cruz y Sergio Ramos. La diferencia es que ellos no son famosos ni millonarios, solo son sus tocayos

04 jul 2023 . Actualizado a las 22:55 h.

Sergio Ramos ahora lleva una vida healthy, eso le acerca un poco más al futbolista del Paris Saint-Germain. Todo el mundo conoce al deportista, pero no tienen el gusto de conocerle a él. Al cumplir 41 años ha decidido buscar una rutina más sana para su día a día. «Debe de ser por la edad», explica.

Es arquitecto informático: diseña páginas web y lleva el mantenimiento informático a las empresas. Pero desde adolescente, lo conocen como Cash. «Me puse este nombre para firmar mis grafitis y ya se me quedó. Además soy autónomo, así que pienso que la traducción de mi apodo pega con el contexto», explica. Piensa que llamarse Cash le genera otra identidad que no le asocia a la del futbolista. «Siendo honestos, llamarte igual que un famoso te convierte en un segundón. Es decir, si destacas en algo, te van a seguir relacionando con los méritos de la otra persona y no con los tuyos propios», afirma. Por eso, cuando está fuera del trabajo o no se trata de un entorno formal, utiliza su seudónimo.

También revela que no solo se trata de que lo relacionen con él. Son recurrentes las frases de «se te ha caído la copa» o «¿dónde te has dejado a Pilar Rubio?». Los rasgos positivos brillan por su ausencia. Para Sergio resulta incómodo que le recriminen las derrotas del deportista. «Cuando Sergio Ramos la lía me lo reprochan a mí, como si fuera mi culpa. Pero, nunca hacen referencia a algún mérito de él», añade.

UNA BUENA «FARRA»

Sin embargo, Sergio no se ve para nada reflejado en el futbolista. Su vida es muy diferente. Ahora se dedica a la informática y sus aficiones son correr por la playa e irse de retiro espiritual de yoga. Aunque confiesa que de vez en cuando también se pega «una buena farra». Antes se dedicaba a organizar conciertos, festivales y raves. Pero con los años lo fue dejando.

Con todo, no se debe juzgar sin conocer, también le gusta ir a restaurantes de prestigio. De hecho, afirma ser un tema peliagudo. Cuenta que una vez fue a un restaurante en Valencia al que suelen ir futbolistas, y lo típico, al reservar por teléfono ya se generó un silencio incómodo por unos milisegundos. «Soy un tío con rastas, así, muy hippy. Al llegar, me preguntaron con un tono irónico: “¿Tú eres Sergio Ramos?”. Y acto seguido llamó a una compañera para reírse», argumenta. Confiesa que eso le hizo sentirse mal consigo mismo. «Con el tiempo te das cuenta de que la gente es así, ya no se lo tienes en cuenta», apunta.

Algo parecido le pasó cuando llamó para crear una cuenta de empresa en un banco conocido. «Al decir mi nombre, su forma de referirse hacia mí le cambió por completo. Me trataba con un lenguaje más formal», argumenta. En persona la cosa cambia, pero son situaciones cotidianas que intervienen en la forma de tratar con una persona.

Sin embargo, Sergio no tiene nada en contra del deportista. De hecho, le gustaría algún día coincidir con él. Entiende que es difícil, porque es una persona con muchos compromisos, pero, «¿por qué no?». «Yo soy el mayor, y él se lleva la fama», concluye.

Marta Ortega: «Soy Marta Ortega y mi padre se llama Amancio»

Esta Marta Ortega es enfermera. Nació en Madrid diez años antes que la presidenta del gigante de Inditex. Pero lo sorprendente es que su padre también se llama Amancio Ortega. Parece que se pusieron de acuerdo, pero lo cierto es que esta Marta le saca diez años a la hija del magnate. Y hasta que cumplió los 15, no fue consciente de su existencia y de su conexión.

Lo que sí corrobora Marta es que, como en el caso del Ortega de Inditex, el apellido en ambos casos procede de Castilla. «Mi padre es de Soria y tengo familia en Valladolid, ahí hay un montón de gente con nuestro apellido. Hay una jugadora de pádel profesional que también se llama Marta Ortega y me confunden mucho con ella», explica. Sin embargo, Marta trabaja como enfermera en Pontevedra. Es otro caso de una madrileña que se enamora de un gallego. Mientras que su padre vive todavía en la capital, donde aún le confunden con el dueño de un imperio.

Ahora que Amancio Ortega es mundialmente conocido, no tienen tantas confusiones, pero en su día Marta cuenta que a su padre le llamaban aconsejándole acerca de sus supuestos valores en bolsa. «En varias ocasiones nos llegaron cartas de una señora que nos ofrecía un chalé vacacional en Cádiz. Desde entonces, cada cierto tiempo nos enviaba una postal recordándonos que estábamos invitados. Además, mi padre nunca respondía, y esto duró unos cuantos años», cuenta.

NO ESTAMOS FORRADOS

Marta cree que los localizaban a través de la guía telefónica. «Ahora hay más privacidad. Pero cuando todavía no se conocía tanto la imagen de los propietarios del imperio, nos llamaban a menudo preguntando por el otro Amancio», explica. Así fue que la propietaria de aquel resort y otros tantos contactaron con el padre de Marta. Como esta, tienen muchas más anécdotas. Los datos de bolsa y las cuentas bancarias del magnate estaban a disposición de la familia sin siquiera quererlo. Cuenta esta Marta que era muy común que llamaran a su padre de los bancos. «Una vez fui a hacer un papeleo y al decir mi nombre la chica que me atendió me pidió el nombre de mi padre, cuando le dije que se llamaba Amancio Ortega no se lo creía. Y me soltó: “¡Qué majos! Confiáis en un banco pequeño de Vigo!”», explica.

A su vez, Marta siente una gran admiración hacia la presidenta del gigante textil. Para ella es un referente, ya que mantiene a flote el imperio que su padre le dejó. «Cuando Amancio delegó en ella, se esperaba que la empresa bajara en bolsa una millonada, pero ha sido todo lo contrario. Les está dando a todos una lección», apunta. Pero Marta no se queda lejos, ella es enfermera y asegura estar enamorada de su profesión. «En el trabajo bromean conmigo diciéndome que me han visto en la prensa practicando hípica», añade.

PAGAR EN INDITEX

Cuando Marta se mudó a Galicia, se dio cuenta de que su nombre era todavía más conocido. Cuenta que en una ocasión estuvo cerca de coincidir con su tocaya cara a cara. «Cuando llegué a Vigo, todavía se pedía el DNI al pagar con tarjeta. Así que cuando fui a pagar en una tienda de Zara, el dependiente leyó mi nombre y se le puso la cara pálida. Se debió de sentir como en el programa del jefe infiltrado», narra. Pero, la confusión tenía su explicación, ya que luego el trabajador le contó que la hija del empresario había estado de visita por la tienda unos días antes. Sin embargo, la vida de Marta y del padre no tienen nada que envidiar al resto. Son muy felices con lo que tienen. «Nosotros no somos ricos. Aunque nos vendría bien un pellizco de lo que ellos tienen para ser un poco más felices», dice riendo.

La enfermera carga con la coletilla desde que ella tenía 15 años. Entonces, el empresario de Inditex ya había abierto su primera tienda en Madrid, en la calle Carretas. «Cuando a la gente le digo mi nombre y el de mi padre me miran riendo, y antes de que abran la boca, yo ya les respondo: “No, no soy yo”. Y seguido preguntan si estoy forrada, cuando saben perfectamente que no», comenta. Aun así, Marta no descarta algún día poder disfrutar de esa parcela en Sotogrande, en Cádiz, que tanto le ofrecieron a Amancio.

Pedro Sánchez: «Cuando llamo por teléfono y doy mi nombre me dicen: "¿En serio?"»

Pedro Sánchez tiene 24 años y es modelo e historiador del arte. Vive en Madrid, pero aunque le gustaría, no vive en la Moncloa, sino en una casa en lo más profundo la capital, en un edificio en el que viven otras doce familias que no se creen que su vecino sea el presidente del Gobierno.

En su buzón pone el nombre de Pedro Sánchez, pero no le llega más información confidencial que las facturas de la luz o del gas. Aunque estos últimos días, le llegó la carta del censo electoral invitándole a votar el próximo día 23 de julio. «No voy a votar al líder del PSOE. De hecho, ni siquiera voy a votar, porque vaya tela con todos los candidatos», revela el joven. Sin embargo, afirma que tampoco le disgusta su tocayo, quizás se siente cercano a él. «Prefiero llamarme Pedro Sánchez que Juan Carlos», asegura.

Cuando Pedro nació, sus padres no sabían que su nombre se fuera a repetir tanto en la televisión. Querían llamarle así porque les gustaba. De hecho, lo normal es pensar que va a ser tu hijo el que haga historia y no otra persona que se llame igual. Sin embargo, su familia puede estar orgullosa de él. Ha finalizado sus estudios de Historia del Arte, está preparando su trabajo de fin de máster, y es modelo de pasarela y de fotografía. No tiene queja, está contento siendo el gobernante de su propia vida. «Aun así, no me vendría nada mal una ayuda para encontrar trabajo de lo mío. Es el problema de depender de la política, y no de hacerla», confiesa.

La vida de este Pedro Sánchez es una vida tranquila, sin apenas responsabilidades, tan solo la de ser dueño de su propio destino. Pero eso no quita que, en su día a día, le confundan con el presidente del Gobierno, sobre todo cuando reserva por teléfono en algún sitio para comer. Es evidente que el político tendrá secretarios a su disposición para llamar a un restaurante, pero los camareros aún dudan cuando escuchan la voz del joven pidiendo una mesa para cuatro personas en un sitio lowcost. «Cuando llamo por teléfono y doy mi nombre me responden: “¿En serio?”. Y sueltan alguna carcajada. Pero cuando llego al sitio y lo repito se les cambia por completo la cara y sonríen. A mí también me hace gracia y bromeo con ellos», cuenta. Pero estos últimos años las bromas han ido a más. «Incluso me llegan a decir frases como: ‘¡Que te vote Txapote!' A mí me entra por un oído y me sale por el otro», dice molesto. Para Pedro, a veces, decir su nombre le supone una carga, sabe que detrás irá algún comentario respecto a la presidencia y eso es algo que le resulta cansino.

Cree que la gente inconscientemente le trata de forma más cordial. «No me parezco en nada al otro Pedro Sánchez, pero eso a la gente le da igual», asegura.

 Penélope Cruz, 23 años: «Yo sí llevo una vida de película»

Pelo oscuro, ojos castaños y cara redonda. De lejos podrían parecer la misma persona. Penélope Cruz llama la atención sin ni siquiera pronunciar su nombre. Quien la conoce, dice que es única. Así se siente esta joven de 23 años que acaba de terminar la carrera y se dispone a trabajar en lo que más le gusta, el márketing. Desde una agencia de comunicación contacta de vez en cuando con algún que otro famoso. Aunque ella tiene su propio público, su familia y amigos, que nunca la relacionan con la actriz mundialmente conocida.

El apellido Cruz es muy común en España. Sus abuelos son extremeños y ella es de Leganés, en Madrid. Cerca de donde nació la famosa actriz, en Alcobendas. Lo curioso es el nombre de Penélope, que no es tan común. De hecho, sus padres llegaron hasta él por la serie de Los autos locos, una serie de dibujos animados de los años setenta que marcó la infancia de estos y de la generación boomer en general. Una de los personajes se llamaba Penélope Glamour, y así le quedó.

La actriz ya era conocida antes de nacer Penélope. Pero nada que ver una cosa con otra. «Es pura casualidad que nos llamemos igual. Es algo que me ha acompañado toda la vida, pero tampoco es una molestia. Yo ni lo pienso», asegura. La joven prefiere las películas de ficción. No le disgusta Almodóvar, que tomó a Penélope Cruz como musa de sus películas, pero tampoco le apasionan.

Siempre el dni encima

Sin embargo, aunque parezca increíble, Penélope también se pasó por los Premios Platino (galardones del cine iberoamericano). La joven cuenta que, una vez que estaba trabajando para una agencia, tenía que acompañar a Juana Acosta al evento. «Cuando di mi nombre para ver si estaba en la lista, el portero no me encontró. Entonces llamó a su jefe. Se escuchaban los gritos a través del teléfono diciéndole que cómo no había contado en la lista con la actriz», cuenta riéndose. Este tipo de situaciones le hacen sentir a la joven que «vive en una película».

En otra ocasión, estaba con sus padres en la playa y la joven sufrió un pequeño accidente. Al acudir a los socorristas, uno de ellos solicitó ayuda para Penélope Cruz a través de los altavoces. «La gente se puso como loca al escuchar el nombre de la actriz por el megáfono. Todos corrían a hacerse una foto con la famosa, que en realidad era yo», explica.

Todas son anécdotas graciosas. Para ella no resulta una carga que siempre le atribuyan la coletilla de la actriz. «La gente no te dice nada malo. Un profesor en el colegio siempre me cantaba la canción de Penélope, de Serrat», añade. De hecho, dice que es una ventaja, ya que todo el mundo se acuerda de su nombre. «Lo único malo es que te pidan el DNI en todos lados», matiza. De fiesta, en clase, en donde sea. La gente se cree con autoridad para pedirle acreditación y demostrar que de verdad se llama así. Con todo, le hace gracia. Para ella no es una molestia.