Nosotras nacimos con trabajo: «No sabía a qué dedicarme y tomé el camino seguro»

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CARMELA QUEIJEIRO

Las farmacéuticas Claudia y Hadriana son la quinta generación del negocio familiar que ellas continuaron por tradición. «Mi hermana fue por vocación, yo, por descarte», dice la pequeña.

22 jul 2023 . Actualizado a las 10:10 h.

Estas dos hermanas son farmacéuticas. Se puede decir que la vocación les viene de serie. ¿El primero de la familia en abrir una farmacia?: El tatarabuelo. Hadriana y Claudia se han criado entre batas blancas y medicamentos. Entonces, cómo no iban a elegir este camino, si desde pequeñas han visto reflejado en los ojos de su padre el entusiasmo al hablar de esta profesión. La segunda en tomar el legado fue la bisabuela de las hermanas, a quien le siguió su hija, es decir, la abuela, que se lo transmitió también al padre de las jóvenes. No hubo ni un solo salto generacional en esta historia de farmacéuticos. Así es que más de un siglo después, estas dos jóvenes de 26 y 32 años estén tan contentas con el camino que han tomado.

«Desde pequeña vives en ese ambiente, y el tener trabajo asegurado pesa mucho a la hora de tomar una decisión sobre tu futuro», dice Hadriana. Cuenta que a ella esto siempre le gustó, incluso antes de empezar la carrera: «Mi padre nos traía desde que éramos unas niñas a la farmacia. Fue él el que nos inculcó el amor por la profesión». Sin embargo, Claudia asegura que ella escogió Farmacia porque no sabía qué estudiar: «Mi hermana fue por vocación, yo, por descarte». Claudia es la pequeña y ella no lo tenía tan claro como la mayor, que siempre se había imaginado como su padre. «No sentía atracción por nada, ninguna otra carrera me llamaba la atención. Me decanté por esta porque era de lo que tenía trabajo seguro», confiesa.

LA QUINTA GENERACIÓN

Ambas se dieron cuenta en la universidad de que ese era el camino correcto. Cada una con sus razones: Claudia porque era lo que más le convenía, y Hadriana porque era su pasión. Por H o por B, a las dos les encanta lo que hacen. Cierto es que a la pequeña le ayudó el compaginar la farmacia con las redes sociales, algo que también le gustaba. Sus vídeos en TikTok se dieron a conocer en toda España a raíz de la pandemia. Obviamente, durante el confinamiento, ellas seguían trabajando. Los farmacéuticos entraban dentro de la lista de empleos esenciales. «En la cuarentena fue cuando empecé a grabar contenido para TikTok. Lo hacía sobre todo para facilitar información a la gente respecto al covid y, después, acerca de lo que se me fuera ocurriendo de otros medicamentos y enfermedades. Aunque también me servía para matar el aburrimiento», confiesa Claudia. La joven, al ver que tenía éxito, decidió continuar incluso después de la pandemia, y hasta el día de hoy sigue publicando sobre lo que se le va ocurriendo: «Es una buena forma para que la gente aprenda de algunas cuestiones sobre salud de una forma cercana y sencilla».

«Nuestro padre nos dejó a nosotras tomar las riendas»

De tal palo, tal astilla. Esta expresión hace referencia a lo que vivieron estas hermanas. Pero en el caso de Javier, el padre de Hadriana y Claudia, fue el único de cinco hijos que continuó con la tradición de la madre. No siempre se sigue el legado al pie de la letra. En este caso, de no ser por él, el apellido Leiceaga quizás hubiera desaparecido del cartel que pone nombre a esta farmacia de Noia. Lo mismo ocurriría si Claudia o Hadriana no hubieran tomado el relevo. Pero lo hicieron. La familia tiene dos farmacias. Una de ellas la lleva la abuela de 90 años. A pesar de su edad, sigue «al pie del cañón», como dicen las jóvenes. Y por otro lado, está la farmacia del padre, que ahora la llevan prácticamente sus descendientes. «Nos dejó a nosotras tomar las riendas», apuntan.

¿Pero habrían tomado caminos diferentes si no hubieran tenido el trabajo asegurado en el negocio familiar? La respuesta de ambas es que sí. Hadriana confiesa que no habría escogido esta carrera por falta de información sobre las diversas salidas laborales que tiene. «La gente se imagina que como farmacéutico tan solo puedes estar en una oficina o detrás de un mostrador, pero especialistas de este tipo hay en todas partes. Tengo una amiga que trabaja en una cárcel y yo hice las prácticas en un hospital», añade. Ella no sabía que lo suyo abarcaba tantos campos dentro de la sanidad; de hecho, dice que habría escogido medicina de no ser porque se atrevió a investigar más acerca de Farmacia.

¿ES POR VOCACIÓN?

Claudia revela que habría escogido una carrera menos complicada: «Me hubiera decantado por algo más sencillo de no haber tenido trabajo asegurado». Pero una vez que las dos empezaron a indagar más en esta rama, se dieron cuenta de que había todo un mundo más allá de lo que ellas habían vivido toda su vida en el negocio de su padre. Porque, aunque ellas tan solo vieron la parte del trabajo en la que se suministraban medicamentos a la gente que acudía al lugar, después se dieron cuenta de que había un gran desarrollo detrás. «Organizar el almacén, hacer pedidos, actualizarse de los medicamentos que surgen a diario y muchas cosas más», explican. Así es que para Claudia el estar detrás del mostrador le parecía un «infierno», ya que antes de empezar a estudiar pensaba que la única labor era esa.

Sin embargo, son muchas las actividades que desarrollan. Así lo hacen saber en su cuenta de Instagram @farmacialeiceaga, en la que suben cantidad de publicaciones dando consejos o aclaraciones acerca de medicamentos, rutinas o enfermedades. La cuenta ya suma más de 6000 seguidores.

Queda claro que, después de todo, las dos son felices con su trabajo y no se arrepienten para nada de haber seguido los pasos de su familia. Además, dicen que lo viven con emoción: «No es nada rutinario, nunca sabes lo que te vas a encontrar o lo que te van a pedir cuando un cliente entra por la puerta». Sin embargo, el negocio ha cambiado mucho desde que lo abrió su tatarabuelo. Ahora aseguran que todo funciona de forma online. Mucha gente opta por comprar medicamentos a través de la página web. Pero ellas se salen del molde, están tratando de crear una farmacia que además te asesore, o como dice Claudia: «Un lugar del que salgas hecho un pincel».

«Pudimos lanzarnos a probar otras cosas porque sabíamos que este puesto lo teníamos asegurado»

Esto es así porque ambas están estudiando para especializarse en otros campos. La pequeña estudia acerca del cuidado de la piel, mientras que Hadriana también es nutricionista. «Con esto, lo que pretendemos es crear una especie de sistema de prevención, es decir, evitar el problema antes de que llegue. Por ejemplo, casos como la diabetes, la hipertensión o la obesidad se pueden prevenir, si se siguen determinadas directrices recomendadas por especialistas», comenta la mayor. De esta forma lo que pretenden es cambiar el concepto de farmacia y añadirle ese valor de asesoramiento. «Lo necesario para salir de aquí guapo y delgado, entre otras cosas», matiza Claudia. Lo definen como un servicio completo que no obligue a sus visitantes a buscar otro lugar donde les presten este tipo de asistencia, así como rutinas faciales o recomendaciones de cremas.

En comparación con algunos compañeros de las estudiantes de Farmacia, Claudia y Hadriana se sienten afortunadas de tener este «colchón»: «Pudimos lanzarnos a probar otras cosas porque sabíamos que este puesto lo teníamos asegurado». Ambas revelan que lo bueno de nacer con trabajo es que pueden experimentar en otros escenarios sin preocuparse de que les salga mal. Aun así, lo de estas dos jóvenes es pura vocación, de eso no hay duda.