Abel perdió las dos piernas con 6 años: «Dejé de usar la silla de ruedas cuando empecé a salir de fiesta»

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«Los médicos le dijeron a mis padres que si había una mínima opción de salvarme la vida, había que amputar», cuenta el joven. Ahora tiene 26 años y acaba de terminar la carrera de Medicina

02 ago 2023 . Actualizado a las 17:50 h.

Abel Veiras tiene 26 años. Para él el tiempo empezó a correr a partir de los 6. No recuerda nada de su vida antes de aquel verano del 2003 en el que sufrió una enfermedad que lo dejaría sin las dos piernas.

Abel es de Noia, pero en el momento de la tragedia se encontraba en Porto do Son de vacaciones. El pequeño disfrutaba de la playa junto a su familia y amigos, hasta que de repente se empezó a encontrar mal. «Tenía vómitos muy exagerados, seguidos de fotofobia y petequias, que son puntos de sangre pequeños que aparecen detrás de la piel», explica. Inmediatamente, lo llevaron al hospital de la zona. Nada más llegar, los médicos ya sospecharon de que se trataba de algo grave. «Mis padres estaban en Noia. Vinieron nada más enterarse de la noticia, se subieron en la ambulancia conmigo y nos trasladaron a toda prisa para el hospital de Santiago de Compostela», añade. Él no recuerda nada de ese momento, ya que desde un principio decidieron sedarlo: «Mi madre suele contar que cuando estaban de camino en la ambulancia, lo que más le sobresaltó fue sentirme las piernas como si estuvieran congeladas».

Desde el hospital de Barbanza hasta el Hospital Clínico Universitario de Santiago hay más de 60 kilómetros y se tarda alrededor de tres cuartos de hora en llegar en coche. Es inimaginable pensar lo que se le pasó por la cabeza a aquella madre en esos eternos minutos en los que su hijo se encontraba totalmente dormido. Al llegar, lo llevaron directamente a la uci. Ahí les confirmaron que se trataba de sepsis (una infección en la sangre). «Esta enfermedad te destroza por dentro», explica Abel. Desde que entró por la puerta del hospital tuvieron que inducirle un coma que se alargó hasta dos meses. En este tiempo, Abel se estuvo debatiendo entre la vida y la muerte. Pero al mes de entrar en ese estado de sueño profundo, todavía en la uci, los médicos tomaron una decisión: «Dijeron que si había una mínima opción de salvarme, había que amputar».

«Salí del hospital con seis o siete cirugías»

La primera amputación fue por debajo de las dos rodillas, pero luego tuvieron que cortar por encima de la articulación de la pierna derecha, dejándole una sola pierna con movilidad. Los médicos hicieron lo necesario para salvarle la vida a este pequeño de tan solo 6 años. Ante una situación así, no te queda otra opción que confiar en los profesionales y pedir al cielo que tu hijo salga adelante. Pero la esperanza y fortaleza de la familia y amigos fue crucial para superar aquellos días de verano que se convirtieron en lustros. En total, Abel se pasó cuatro meses ingresado: «Salí del hospital con seis o siete cirugías».

VOLVER A NACER

El joven hoy es médico, por lo que sabe bien de lo que se habla. Sin embargo, cuenta que estudió la carrera por descarte: «Me llamaba la Arqueología, y después la Biología, pero me decanté finalmente por Medicina. Lo que más me gusta es el ámbito de la cirugía».

Desde que Abel salió del hospital hasta la actualidad ha llevado una vida como cualquier otro niño: «No soy minusválido, simplemente no tengo piernas». Cuenta que eso es lo que siempre le dice a la gente que le pregunta por su condición. «Lo único que no puedo hacer es correr y saltar», añade. El joven médico siempre ha llevado una vida de lo más activa. A él y a su hermano, sus padres siempre le inculcaron que hay que practicar mínimo un deporte a la semana. «El tener o no rodilla te cambia la vida por completo. Si no tuviera la izquierda, no sería capaz ni de subir escaleras», revela. En ese sentido, confiesa que ha tenido suerte. Ahora mismo utiliza dos prótesis, una en cada pierna. Eso le permite llevar una vida plena.

Sin embargo, Abel estuvo usando silla de ruedas hasta los 15 años. «Mis amigos me han ayudado con todo lo que he necesitado. Así como mis compañeros de carrera o los del piso». «Siempre tuve una vida muy completa; hago deporte, salgo con mis amigos y me lo paso muy bien». Pero, ¿por qué abandonó la silla de ruedas en la adolescencia? «Me era incómoda para salir de fiesta, así que me dije a mí mismo que tenía que empezar a caminar», responde Abel. Confiesa que en cierto sentido esto le «ayudó» a levantarse, aunque también dice que al principio se le hizo difícil porque sentía mucho dolor. «Te tienes que ir acostumbrando», afirma.

«Somos los amputados de segunda»

Hasta entonces su hobby preferido era el tenis de mesa. Cuenta que llegó a estar en un centro de alto rendimiento entrenando y compitiendo a nivel nacional. A partir de bachillerato y a raíz de que empezó a caminar más, también se apuntó al gimnasio y a boxeo. Sin embargo, sus padres le dieron un toque de atención porque Abel estaba empezando a dejar un poco de lado los estudios: «No me hizo nada de gracia que me privaran de hacer deporte, pero con el tiempo lo entiendes». Nunca dejó de practicar sus actividades favoritas, simplemente aprendió a organizarse de forma que pudiera hacerlo todo sin tener que dejar de lado el instituto y su futuro.

Ahora que Abel ha terminado la carrera de Medicina y que ya está trabajando como médico en un hospital, se ha decantado por el golf, pero sin abandonar el boxeo. En todo momento siguió yendo al gimnasio: «Es una buena ayuda física y mental. Para mí, el deporte es casi obligatorio». Ahora, Abel utiliza unas prótesis que le da la Seguridad Social. Cuenta que estas se enganchan al muñón y le permiten hacer cualquier movimiento. Aunque hoy en día la ingeniería biomédica ha avanzado hasta tal punto de que hay diseños reciben órdenes directas de nuestro cerebro. Es decir, es como si se tratase de una pierna de carne y hueso. Sin embargo, estos artilugios no están al alcance de todos los que sufren este tipo de discapacidad. «Somos los amputados de segunda», explica. Con esto se refiere a que la mayoría no se puede permitir unas prótesis de última generación.

NUEVAS PRÓTESIS

«A la gente que le pasan cosas como a mí se queda con una mano delante y otra detrás. Son casos en los que nadie tiene la culpa de nada y no hay seguros de por medio, ya que es una enfermedad que surge porque sí sola», apunta. Por ello, no le queda otra que acarrear con lo que tiene. Cuenta que con las prótesis de última generación solo la rodilla de la pierna derecha le costaría alrededor de 70.000 euros, y a eso habría que sumarle el resto de partes que componen una pierna. Con todo, no es algo que le preocupe: «Si tuviera ese dinero, preferiría comprarme un Mercedes antes que gastármelo en unas nuevas prótesis. El coche me va a llevar a los mismos sitios», confiesa. Al preguntarle si de verdad prefiere un coche, Abel responde rotundamente: «Sin duda». Aunque también reconoce que le encantaría tener unas más avanzadas: «Es como quien tiene un Ford Fiesta, siempre vas a preferir el Ferrari».

Abel tiene otro sueño que cumplir. Entre sus planes está el irse a trabajar de cirujano fuera de España. Quién sabe, igual en unos años se encuentra en cualquier otra parte del mundo, conduciendo su tan esperado Mercedes, pisando el acelerador con las últimas prótesis del mercado.