Ángela, a los 20 años, trabaja arreglando maquinaria pesada: «Cada vez que me ve llegar un cliente, dice: "¿Pero dónde está el mecánico?"»
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Con las manos en la grasa. Ángela es mecánica, tiene 20 años y pasa la jornada enfrascada entre los motores de máquinas pesadas que repara en el taller en el que trabaja en Ourense donde, por supuesto, es la única chica
17 nov 2025 . Actualizado a las 08:36 h.Cuando llamas a Ángela García para hacerle una entrevista es fácil que la pilles con las manos llenas de grasa. La del motor que esté reparando en ese momento. Por eso, si no te contesta al móvil inmediatamente, ten un poco de paciencia. Ella también la tiene cuando los clientes que alquilan la maquinaria pesada que ella arregla en el taller de Ourense en el que trabaja la reciben con una frase de saludo que se repite más de lo que le gustaría: «¿Pero dónde está el mecánico», le preguntan al verla llegar. Ella responde tranquilamente: «Soy yo». Y no es de extrañar, porque solo un 1 % de los talleres de reparación de vehículos tienen mujeres mecánicas en sus filas. El ourensano de Alayan es una excepción, tan excepcional como lo es Ángela.
Esa profesión que hoy la hace feliz no fue siempre su sueño. De pequeña quería ser profesora (aunque cambiaba de idea a cada momento, reconoce), pero al final el motor le tiró más. «Mi familia, mis amistades y hasta yo misma veíamos que el mundo del motor era mi salvavidas, los días malos los pasaba entre coches, los días buenos entre coches también, siempre, siempre entre motores. Y entonces me dije: “¿Por qué no hago el ciclo de formación profesional y pruebo suerte? ¡Y así hice!”», nos explica entusiasta.
Fue dicho y hecho. Y eso que no todos la animaron a dar el paso. En su familia hubo división de opiniones: «Fue un poco, digamos, una historia de dos bandos: los que se lo esperaban desde que me vieron el brillo de los ojos en el primer rali al que fui y los que pensaron que era raro, ya que en mi familia soy la primera mecánica». Pero a ella no le importó ser pionera y, aunque en su casa no había mecánicos profesionales, sí que bullía desde siempre el interés por los motores, aunque la afición venía por el lado masculino, claro. «Mi padre sí que hizo el ciclo de formación profesional, pero no se dedicó a ello y mi tío siempre estuvo rebulindo con los coches de casa».
LA JEFA
Todavía hoy los prejuicios y los estereotipos educativos y sociales continúan empujando a las niñas a descartar esta profesión. Una vez tomada la decisión, tampoco se encontró Ángela muchas chicas en el ciclo de automoción del IES de la Universidade Laboral de Ourense. «Eramos dos, pero finalmente me quedé yo sola entre 18 hombres. Me trataban como una más. Eramos todo un equipo, hasta me eligieron como delegada de clase», comenta orgullosa de su madera de líder, de ser la jefa. «Obvio que sí, ja ja ja, lo tuvieron muy claro desde el principio», se ríe divertida.
Y aunque las estadísticas digan que casi el 15 % de los españoles aún consideran que el hecho de que la persona que revise su coche sea una mujer es un factor a tener en cuenta a la hora de escoger un taller, y parece que no en el lado positivo, la experiencia de Ángela sí lo ha sido. Con solo 20 años logró su primer empleo. «Aún no había acabado de estudiar y ya había empresas interesadas en mí. No sé el motivo, pero me sorprendía. Me enteré de que Alayan, donde trabajo actualmente, buscaba un mecánico y presenté mi currículo». En menos de una semana ya le estaban dando la bienvenida en la empresa. «¡Por parte de mis compañeros de trabajo fue una maravilla! Me recibieron con los brazos abiertos de par en par. Además estaban orgullosos porque soy la primera mujer mecánica de la empresa y para ellos tenerme es como un tesoro. Aunque tienen mucha paciencia, ya que no tengo experiencia en esto, soy la novata», apunta con humildad.
NO FUE TODO FÁCIL
Con los transportistas y clientes no siempre fue todo tan fácil. «Al principio se les hacía raro que llegaba el coche mecánico de la empresa y ver bajarse de él a una chica joven, que además al lado de algunos clientes soy un tapón...», bromea. Pero cambiaban de idea cuando Ángela se acercaba a un motor, ahí le sale su vena: «Al verme trabajar, que me manejo en algunas cosas mejor que alguno de los mecánicos hombres que les han atendido antes...». Con solo tres meses de antigüedad en la firma, ha logrado vencer los prejuicios sexistas y los mismos que la miraban con desconfianza están ahora encantados con ella: «Y créeme que a mí eso me basta para alegrarme la jornada».
Eso sí, no sabe ni la cantidad de veces que le preguntaron dónde estaba el mecánico al verla llegar con su sonrisa, «pero bueno, finalmente pues acaban entendiendo que tú eres la mecánica y que no todo ese mundo es de hombres».
Basta oír a hablar a Ángela para darse cuenta de que es una completa enamorada de su trabajo, aunque eso no la ciega para reconocer que en algunos momentos puede ser duro. «Para mí no hay nada mejor ni peor en este oficio. Te tiene que gustar. Para ser mecánica te debe dar igual mancharte, que haya que hacer fuerza, estar debajo de la lluvia o con un sol que te queme el cogote. Todos los trabajos tienen sus cosas, pero si te gusta, no hay nada que reprochar», explica encantada.
A pesar de su entusiasmo reconoce que algunas cosas no han resultado ser como ella se lo imaginaba inicialmente. «No es como te lo pintan. Nada de estar en un taller y tener solución para todo, ¡para nada es así! A veces, más de lo que te puedas imaginar, tardas todo un día en encontrar la solución al problema del motor que tienes que reparar. Y lo de estar en el taller... en mi caso, poco». Ángela se desplaza frecuentemente a las obras para reparar sobre el terreno las grandes máquinas de la construcción como cestos elevadores, retroexcavadoras o dumpers de transporte y, de hecho, lograr fotografiarla en el taller para este reportaje fue todo un reto.
Ella explica así su día a día laboral: «Suelo estar en la carretera casi todos los días. Allí estás expuesta a todo, a accidentes, a que te haga un sol que abrasa como a que te llueva a chaparrones o haga un frío que ni con la sudadera entras en calor. A veces tienes que recorrer kilómetros y kilómetros y no solo en carreteras, sino que también tienes que desplazarte por montes y caminos».
Entre sus manías a la hora de trabajar nos confiesa una muy femenina: la limpieza. «Soy muy quisquillosa a la hora de dejar acabados los trabajos. Me gusta dejarlo todo bien limpio, muy preparado. Si se me cae aceite, lo limpio muy bien. Me importa dar una buena presentación a la hora de entregar el trabajo», una perfeccionista que confiesa que procura no estresarse.
Pese a los inconvenientes, Ángela no duda en recomendar a las mujeres que sigan su ejemplo y se dediquen a la automoción. « ¡Obvio que sí!», exclama. « Y ojalá que muchas mas chicas se unan a este sector. Ya las hay, pero cuantas más, mejor».
EL OCIO
Pero no todo va a ser trabajo. Aunque casi, ya que en su tiempo libre, que comparte como cualquier veinteañera con la familia y los amigos, también reserva un espacio especial para su pasión. «Tengo un grupo automovilístico, podría decirse que “algo reconocido” en Ourense: el Ourenseat. Soy la presidenta», dice sin disimular su orgullo. Un grupo con el que queda para ir a mirar los coches, hacer rutas improvisadas, ir a eventos etcétera. También le gusta la fotografía y quedar con las amigas.
Simpatía, madera de líder y por supuesto feminista, no puede dejar pasar la oportunidad de lanzar su alegato por una sociedad más igualitaria. «Pienso que así es como se lucha por una sociedad equilibrada, que hombres y mujeres nos dediquemos a trabajos así, ya que yo, por ejemplo, sí tengo menos fuerza que mis compañeros, pero si no puedo con los brazos, me apoyo con un hierro o algo para hacer palanca o pido ayuda». Un trabajo de equipo que lleva al éxito.