«1984» está de moda

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17 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Al menos cinco ediciones diferentes, algunas de ellas chulísima, se apretaban en la estantería de la librería. Los ejemplares estaban colocados en un buen estante, a la altura correcta para el picoteo y con el espacio adecuado para ser sobados sin molestar a los tomos vecinos. En realidad, el texto no era ni muchísimo menos una novedad. Tenía 76 años, había sido escrito por un británico con predisposición al anarquismo y estuvo a punto de titularse El último hombre en Europa, aunque finalmente salió de la imprenta con un preciso 1984 que George Orwell eligió tras invertir los dos últimos dígitos del año en el que lo escribió.

La media docena de ediciones del clásico que este mes de enero tentaban al lector desde una librería viguesa, algunas de ellas preciosas y con prólogos eminentes, revalidan la formidable capacidad que la pesadilla protagonizada por Winston Smith tiene para conectar con las personas en cuanto las personas sienten que el mundo se derrumba a su alrededor.

Hay grandes hitos en esta cualidad del Gran Hermano de Orwell. Entre el 20 y el 25 de enero del 2017 las ventas se dispararon un 9.500 por cien en Estados Unidos. El detonador, la toma de posesión de Donald Trump tras ganar por vez primera las elecciones en Usamérica. No fue esa la única vez que ciudadanos en algún lugar del mundo encontraron en 1984 un cobijo súbito o una explicación o una guía seminal para entender la desazón que les provoca un sistema que les jode la vida. Hace un par de años, Orwell sirvió también como referente en Rusia, cuando Putin decidió invadir Ucrania y sus paisanos convirtieron el relato distópico en el más vendido en formato electrónico y en el más robado en las librerías del país.

Desde su lanzamiento en 1949, se han despachado 30 millones de ejemplares y en muchas casas su presencia es inevitable y un recurso al que siempre volver cuando los «hechos alternativos» se imponen, la policía del Pensamiento campa a sus anchas y la neolengua contamina el diccionario y los telediarios. Qué crac Orwell. Y qué inquietud.