Sin cita previa no existe usted

YES

PACO RODRÍGUEZ

31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La vida es eso que transcurre esperando. En concreto esperando una cita, no con el mozo de tu vida, al menos no para quienes vemos un abismo de peligros y mentiras en el Tinder, sino con todo lo demás.

Están las esperas telefónicas con operadoras metálicas que tras advertirte que serás grabada te dejan en un aguarda más eterno que la vida de los que van al cielo. La prórroga arranca después de pasearte por todos los teclados del teléfono, en teoría destinados a enviarte al departamento preciso, aunque siempre sospeches que al otro lado hay una IA poniendo voces o un maestro que cree que no viste Barrio Sésamo.

Está también la espera existencial que no es innata, esperando a que llegue el verano cuando nieva, esperando a que haga frío cuando sudamos, esperando a comer uvas del país en junio, esperando a estrenar el pelexo en San Xoán.

Y luego está la espera de la cita previa que las Administraciones mantienen desde la pandemia porque ellas lo valen, aunque es ilegal, inmoral y seguro que engorda.

Hace unos días, una visita improvisada a un registro civil gallego fue recibida por los funcionarios como si los atrevidos fuésemos los adelantados de Atila. De aquellos ojos salían fuego y odio cocinados muy lento para disolver un atrevimiento de una consideración colosal: entrar en una oficina pública porque sí.

En La Voz se ha escrito mucho sobre este derecho hurtado a los ciudadanos, pero la costumbre se mantiene con una firmeza que pronto será inolvidable y que es tan inexplicable como que Santiago llegara en una barca de piedra.

Da igual si tiene usted 90 años y piensa que el único ratón famoso es Mickey Mouse. Da igual que sea usted un insumiso digital porque vio antes que nadie que en las pantallas hay fentanilo virtual. Da igual que haya comprobado tras una visita improvisada a un registro civil gallego que había bolas vegetales de estepicursor rodando por el suelo de la oficina, de vacía que estaba. Da igual. Sin cita previa es usted un no ciudadano que a lo máximo que puede aspirar es a esperar.