Jacob Elordi, ¿sí o no? Es uno de los estrenos más esperados de la temporada: la última versión de «Cumbres borrascosas», en la que la raza del protagonista pasa, de nuevo, a un segundo plano. En la pantalla, porque el debate público está más abierto que nunca
14 feb 2026 . Actualizado a las 14:27 h.«Es un gitano de tez oscura». Así describe Emily Brontë a Heathcliff en las primeras páginas de Cumbres borrascosas, en una de las traducciones clásicas al español, la de Carmen Martín Gaite. «Hombre de piel oscura con aspecto agitanado», dice otra de las versiones para traducir ese «dark-skinned gipsy» del texto original de Brontë. Parece claro que Heathcliff, el complejísimo y vengativo protagonista de una de las novelas más fascinantes, es de todo menos pálido. Y, sin embargo, el cine se ha empeñado en aclarar su imagen, y con ello, ocultar una de las cuestiones cruciales de la historia: la discriminación que sufre a lo largo de su vida a causa de su raza y de su incierto origen.
El debate ha vuelto con el estreno de la enésima versión, dirigida por Emerald Fennell, que llegó este viernes a los cines, pero que lleva meses en el ojo del huracán precisamente por la elección de otro actor decididamente blanco, Jacob Elordi, como protagonista. Heathcliff es un caramelo demasiado tentador como para negarse a interpretarlo. De hecho, en versiones televisivas lo hicieron Charlton Heston o Richard Burton, y más recientemente Tom Hardy. Además, por supuesto, de los desconocidos (aquí) actores de las curiosas versiones de Bollywood, japonesas e incluso filipinas.
CINCO A UNO
De las seis versiones más conocidas (incluida esta última), solo una opta por un actor negro. Es la que rodó en el 2011 Andrea Arnold, con James Howson como Heathcliff y Kaya Scodelario como Catherine. Pero es que ninguna de las adaptaciones de televisión, sean películas o series, desde los años 50 del siglo pasado a la actualidad, cuentan con un protagonista que no sea caucásico. María Valero, profesora en el departamento de Filología Inglesa en la Universidad de Córdoba, se doctoró con una tesis sobre la novela, y es autora de un ensayo, Determining Wuthering Heights, que disecciona las múltiples lecturas de este clásico en el contexto de la literatura de la época. Valero destaca que queda claro que en Heathcliff «hay una cuestión de raza que se silencia o no dependiendo de la decisión del director». Por esa razón, ella se queda con la versión de Andrea Arnold: «Me gusta mucho porque es la que más hace que el espectador se sienta como los primeros lectores de la novela, porque no era común en una obra victoriana tener un protagonista de color. Tuvo que ser un choque muy grande para los primeros lectores». Aunque no es el único punto positivo que aprecia. Valero recuerda que la novela tiene una estructura de muñeca rusa, «y los juegos de cámara que hace en esta película se pueden equiparar».
Sobre la elección de Elordi, reconoce que le sorprende en el contexto actual de «neovictorianismo, lo vemos en Los Bridgerton. Lo que se lleva es reescribir ese período». Curiosamente, Fennell no evita esa diversidad en el resto del reparto: Nelly Dean, la criada y narradora de parte de la novela es interpretada por la actriz vietnamita Hong Chau, y Edgard Linton (rubísimo y de ojos claros en la novela) es aquí el escocés de ascendencia pakistaní Shazad Latif.
OBJETO DE DESEO
Pero en el caso de Heathcliff, como explica María Donapetry, exprofesora de cine y estudios culturales en las universidades de California y Oxford, «lo que domina es la oscuridad del personaje. Y de paso tener un actor que enganche, lo suficientemente latino o mediterráneo como para resultarle seductor a un público femenino y eminentemente anglosajón», apunta. ¿Y si la elección de Elordi fuera algo así de sencillo y significativo al mismo tiempo? La propia directora ha dicho, en las muchas entrevistas de esta larga campaña de promoción, que así es como ella imaginaba a Heathcliff cuando era un adolescente. Dado el éxito del actor australiano de origen vasco, nominado al Óscar a mejor actor de reparto por encarnar a la Criatura en el Frankenstein de Guillermo del Toro, ¿quién puede negar el gancho de Elordi como el Heathcliff de la generación Z? Al mismo público que lo vio despuntar en Euphoria y convertirse en oscurísimo objeto de deseo en Saltburn, la anterior película de Fennell, es a quien se dirige esta versión. «La oscuridad atrae y da miedo a la vez. Resulta una atracción fatal muy explotada en el cine anglosajón», añade Donapetry.
Ahí está, como muestra, la lista de los actores que se han puesto en la piel de Heathcliff y cómo fueron caracterizados. Laurence Olivier, en 1939, con ese aire clásico y teatral, torturado.
La mirada más salvaje de Jorge Mistral, galán hispano, racial y más extremo en la adaptación más libre de la novela, la que firma Luis Buñuel en Abismos de pasión.
Intérpretes con una presencia física poderosa, como Heston o Burton, o con ansia de ser tomados en serio, como Timothy Dalton en la versión de la década de los setenta.
Si cada generación tiene su Heathcliff, el de la X sería un principiante Ralph Fiennes en la de Peter Kominsky, que siguiendo la estela de la adaptación de Drácula de Coppola, añade el nombre de la autora al título. Un Fiennes, por cierto, menos pálido de lo habitual, pero sin llegar a la vergüenza de un blackface en toda regla, en la única adaptación que recoge también la segunda parte de la novela, en la que la clave está en la siguiente generación, los hijos de Catherine y Heathcliff. Como dice María Valero: «Es clave porque Heathcliff asimila todo el sistema de herencia y matrimonio concertado, los métodos que usaron contra él, y los utiliza para vengarse». De nuevo, la versión recién estrenada obvia esta etapa.
No es el único detalle que se critica de esta adaptación. De hecho, la campaña contra la película alcanza el cartel (una copia de Lo que el viento se llevó), a Margot Robbie (demasiado mayor para encarnar a Catherine), el vestuario (inadecuado para la época), la hipersexualización de la historia e incluso la capacidad como lectora de la directora. No ha quedado títere con cabeza en una demostración práctica de cómo las redes (sobre todo TikTok) se han convertido en el espacio donde ensalzar o hundir una película antes de su estreno. En este caso, además, revelando que hay una legión de expertos en literatura inglesa en general, y en la única novela de Emily Brontë en particular. Leer novelas victorianas no te hará mejor persona, pero desde luego te da más temas de conversación y contenido.
LAS COMILLAS
La directora, que es una señora muy lista, no ha rechazado ni uno solo de los debates, aunque ha tratado de suavizarlos todos (el del color de Elordi lo ha pasado, directamente, de puntillas). De hecho, el propio título de la película es una declaración de intenciones: no es Cumbres borrascosas. Es “Cumbres borrascosas”, entre comillas. En una entrevista, Fennell lo justificaba así: «Estoy haciendo una versión. Hay una versión que recuerdo leer que no es totalmente real, y hay una versión en la que quiero que pasen cosas que nunca pasaron. No puedes aspirar a hacer nada que pueda abarcar la grandeza de este libro. Por lo tanto, es adecuado decir qué es Cumbres borrascosas y qué no lo es». Cierra comillas.