Del braille al móvil, la revolución tecnológica que cambia la vida de las personas ciegas como Felipe: «Antes dependía de unos ojos para todo, ahora los llevo en el bolsillo»

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Felipe Cotelo es de A Coruña, antes de cumplir los 20 años le diagnosticaron una retinosis pigmentaria
Felipe Cotelo es de A Coruña, antes de cumplir los 20 años le diagnosticaron una retinosis pigmentaria CESAR QUIAN

Aplicaciones, lectores de pantalla y audiodescripción transforman la vida diaria de las personas con discapacidad visual, como cuenta Felipe, que quedó sin visión desde muy joven

18 mar 2026 . Actualizado a las 16:49 h.

Romeo es un niño de 7 años de Madrid que robó el corazón de los que vieron su vídeo celebrando con pasión desde la grada un gol de su equipo, el Atlético. A pesar de no ver, no se perdió detalle de lo que sucedía en el Metropolitano gracias a una tableta háptica, que simula el movimiento del balón, y la audiodescripción. Un hito en los avances que han ido mejorando la vida de las personas con discapacidad visual, donde la irrupción de la inteligencia artificial es abrazada como otra vía para mejorar su integración e independencia. Felipe Cotelo, de 60 años y vecino de A Coruña, sabe como nadie de lo que hablamos. Cuando era un chaval le diagnosticaron una retinosis pigmentaria. Fue al poco de cumplir los 20, cuenta, cuando «me di cuenta de que las cosas no iban bien». Cada vez fue perdiendo más visión hasta que se quedó completamente ciego. Cuando lo esperamos en las oficinas de la ONCE de A Coruña, nadie diría que Felipe no ve. Llega con total desenvoltura, comentado lo que sucede en la calle, los últimos estrenos en las plataformas o la obra de teatro que está estudiando para una representación. «Leo mucho, ¡de joven gasté muchas pilas leyendo!», dice por las viejas cintas de casete con audiolibros.

El braille hablado fue uno de los primeros grandes pasos para las personas ciegas. Después vinieron los lectores de pantalla para el ordenador, como el Jaws, y ahora es el móvil el tesoro del que no se despega. «Este teléfono es un iPhone como cualquier otro. Lo único, que tiene activadas son las funciones de accesibilidad», explica. Con la aplicación Seeing AI, por ejemplo, puede ir al supermercado y hacer la compra sabiendo lo que está metiendo en la cesta. «Convierte la cámara de tu teléfono en una especie de escáner portátil. Antes, podía coger un cartón, pero no sabía si era de leche o de qué sin preguntar», remarca. Con Escoita, «una app que desarrolló un usuario de la ONCE de A Coruña», puede seguir los partidos del Deportivo. «Tengo Netflix en el teléfono y, al tener activada la audiodescripción, puedo ver las películas y series. Ya casi no voy al cine, por pereza, sobre todo. Pero queda mucho por mejorar. En muchas ocasiones, las series están en español latino, y no es lo mismo, y hay otras que todavía no tienen incorporada la audiodescripción, como Yellowstone», lanza la petición.

La tecnología, destaca Felipe, le ha cambiado la vida, y aportando más autonomía. Para ir al súper o consultar su cuenta bancaria, por ejemplo
La tecnología, destaca Felipe, le ha cambiado la vida, y aportando más autonomía. Para ir al súper o consultar su cuenta bancaria, por ejemplo CESAR QUIAN

Junto a Felipe, también nos atiende Javier Giménez Conejero. Él es psicólogo e instructor de Tiflotecnología, uno de los puestos que más están creciendo dentro de la ONCE. «Queremos asegurarnos de que los afiliados que lo necesiten, puedan acceder a la información y a las nuevas tecnologías. Tanto la persona mayor que ha perdido vista y quiere seguir teniendo contacto con los nietos y escribirles mensajes, hasta el niño que está empezando en la etapa escolar y utiliza el Word, como el que se incorpora a trabajar y necesita un ordenador adaptado. En estos casos, nos desplazamos con ellos los primeros días», apunta Javier, que se formó en el Centro de Tiflotecnología e Innovación de la ONCE en Madrid.

La evolución ha sido enorme. «Realmente, ha sido un bum», valora Javier. Recuerda que en los comienzos, «básicamente había un solo instructor tiflotécnico prácticamente para toda España». «Del braille hablado, de los principios, a todo lo que se está creando y todo lo que va apareciendo, el salto ha sido exponencial», resume el instructor.

MÁS APPS Y MENOS BRAILLE

Javier coincide en que Felipe es uno de los alumnos más aventajados y entusiastas. «La tecnología te da mogollón de independencia», afirma categórico. «Antes, tenía que depender casi siempre de unos ojos para muchas cosas, ahora los llevo en el bolsillo», y hace el gesto de tocar el móvil. «Puedo usar el WhatsApp, el correo… aquí lo llevo todo. Audesc Mobile, que se sincroniza con la película en el cine y con los auriculares, la aplicación del bus, un montón de cosas», enumera.

Si le preguntamos por una aplicación imprescindible, no lo duda: «Lo que más agradecí hace unos años, fue que la aplicación del banco fuese accesible. Ahora puedo hacer bízums, transferencias o consultar cuánto tengo sin que nadie lo tenga que ver por mí». La autonomía se concreta en tareas tan cotidianas como esta.

Felipe también usa el móvil para orientarse. «En A Coruña, normalmente, no me hace falta, pero si a veces voy despistado, le pregunto al móvil dónde estoy y te dice: la calle». En cambio, el ordenador ha ido perdiendo peso en su rutina, así como el braille, que reivindica frente a quienes lo consideran superado: «Hay una tendencia que dice que el braille, con los lectores de pantalla, ya no vale para nada, pero yo creo que es una equivocación. Si solo escuchas, pierdes».

Su relación con la lectura viene de lejos. «Yo leo en audio», cuenta. «Siempre me gustó leer». Antes incluso intentó seguir haciéndolo con ayudas ópticas, como la telelupa. Después llegaron otros formatos: «Al principio teníamos una biblioteca digital, es decir, con cintas de casete», recuerda. Cuando imagina cómo sería su vida sin tecnología, Felipe insiste en la misma idea: «Yo siempre destaco la independencia que te da el poder hacer tú las cosas sin tener que esperar a alguien que te pueda ayudar. Es muy importante».

Pero para seguir avanzando, hay que reivindicar. Como que las aplicaciones y servicios, y los propios medios de información, avancen en accesibilidad. Fuera ya de las pantallas, también hay mucho que mejorar. «Quería quejarme de que, en A Coruña, mi ciudad, los semáforos ahora te obligan a ir con mando. Para que sean parlantes, tienes que activarlos. ¿Y si el mando se queda sin pilas? Además, no todos tienen voz. Te tienes que fiar y jugarte la vida cruzando la ronda de Outeiro. Esta es una petición directa que le hago a la alcaldesa: que pongan todos los semáforos sonoros», traslada Felipe.

Este usuario de la ONCE también advierte de que la accesibilidad no se limita a la tecnología digital. «Son también los electrodomésticos», recuerda. El auge de las pantallas táctiles ha creado nuevos problemas: «Ahora viene todo táctil: los microondas, la lavadora, la nevera», recuerda Felipe. Por último, Javier subraya que la tecnología accesible debe adaptarse a perfiles muy diferentes. «Felipe es una persona muy hábil, pero muchos usuarios llegan con dificultades añadidas por la edad o por el momento en el que han perdido visión», concluye.