De la semana de la alta costura de París a las mercerías de toda la vida. La ola de calor trae de vuelta un clásico que no falla: un generador de aire con estilo
23 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En las puertas de los desfiles de la semana de la alta costura de París se vivió hace unos días algo poco inusual. La llegada de invitados con un complemento no esperado: el abanico. A juego con los looks, pintados a mano o negros. No había forma más estética y sencilla que superar la ola de calor que con un elemento que lleva siglos existiendo. Es, por fuerza mayor, la solución a un verano más cálido de lo deseado.
La historia de los abanicos se remonta a muchos años atrás. Llegó a Europa procedente de Asia en el siglo XV. En Japón se diseñó ese elemento articulado que tan fácil resulta llevar en la mano, recogido, o guardado en el bolso. Tiene la ventaja de que siempre funciona cuando se le necesita: en una era excesivamente tecnológica disponer de algo para refrescarse que no necesita cargador, se agradece.
Sobre la pasarela, el abanico estuvo presente en algún diseño de Dior. Jonhatan Anderson lo incorporó a uno de sus vestidos, como una pieza escultórica que recordaba a la belleza de los pavo reales. Es fácil encontrar un abanico de madera y pintado a mano en cualquier mercería de confianza.
También hay firmas especializadas en el diseño de este pequeño complemento para refrescarse. Ràfega es una marca que nació en Barcelona y que vende abanicos a toda Europa con esencia mediterránea. A Fan Of es otra referencia para encontrar abanicos artesanales y divertidos para combinar con los looks de verano. Otra marca española: Étté, que crea piezas de diseño para redefinir el «nuevo abanico».