Un diagnóstico le cambió la vida a Sonia. En su peor momento, la vela adaptada le demostró que le quedaban muchas cosas por vivir. Años después, se lo sigue recordando cada semana
28 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Tienes 23 años y, de repente, tu vida se para. Te diagnostican esclerosis múltiple cuando apenas empiezas a imaginar el futuro. El trabajo, los planes y la independencia dejan paso a hospitales, incertidumbre y una pregunta inevitable: ¿y ahora qué? Esta es la historia de Sonia García. La de una mujer que vio cómo, de un día para otro, empezaban a cerrarse puertas. Hasta que, en uno de sus momentos más difíciles, un amigo le abrió una ventana: la vela adaptada.
Hace más de veinte años que decidió asomarse. Desde entonces, todos los miércoles y viernes, cambia durante dos horas el peso de la enfermedad por el sonido del viento. Baja al pantalán de Marina Coruña, sube a la embarcación y, una vez sentada, todo queda al alcance de sus manos. El timón, las escotas y el rumbo.
«Siempre tienes cosas en la cabeza, pero es llegar allí, ver el mar, sentir el viento... y esas dos horas son para disfrutar», cuenta. Cuando recibió el diagnóstico era muy joven. «Me lo tomé bastante mal, pero un amigo me habló de esta fundación y decidí probar».
Nunca había hecho deporte con regularidad, y mucho menos imaginó que algún día sería capaz de llevar un velero. «No tenía ni idea de manejar un barco», reconoce.Hoy navega de forma autónoma gracias al programa Esfuerza de la Fundación María José Jove. «Me ayudan a subir al barco, voy sentada y manejo todo con las manos. Siempre va una zódiac de apoyo, pero poder decidir tú un poco hacia dónde ir es genial».
No es solo una cuestión de deporte, sino de recuperar el control. «Cuando te diagnostican algo así ves cómo todo se paraliza, pero hoy en día hay muchas opciones». En el agua, además, las conversaciones cambian. «Hay gente con todo tipo de discapacidades, pero cuando llegamos allí no hablamos de problemas ni de limitaciones». Ese es precisamente el objetivo del programa Esfuerza, explica Xabi Casal, responsable de Actividad Física Saludable de la Fundación. Nació en el 2007 para acercar el deporte a personas con discapacidad y hoy reúne a participantes con y sin ella en actividades como vela, piragüismo, natación o senderismo.
«Muchos vienen acompañando a familiares o amigos, pero también hay quien se apunta para conocer otras realidades». Los veleros están adaptados para gobernarlos desde un asiento fijo, con todos los mandos centralizados. Además de aprender a navegar, los deportistas reciben nociones de meteorología, reglamentación o cabuyería. El objetivo es que cada uno alcance el mayor grado de autonomía posible. ç
«Todo el que prueba se queda», asegura Sonia. Porque, aunque la esclerosis múltiple siga formando parte de su vida, hay dos tardes a la semana en las que deja de marcar el rumbo. Hace dos décadas alguien le abrió una ventana. Hoy, es ella quien lo hace desde el barco y la Asociación Coruñesa de Esclerosis Múltiple.