¿Qué te pasó, Julio?

YES

El cantante Julio Iglesias en una imagen de archivo
El cantante Julio Iglesias en una imagen de archivo -

Existen dos fotos captadas por Iván Alvarado para la agencia Reuters el 10 de octubre del 2017 que hasta que las vimos no sabíamos que las necesitábamos. Si echan cuentas, aquel fue el día de la fallida declaración de independencia de Cataluña y recoge la reacción de la multitud cuando Puigdemont afirmó que Cataluña se convertía en un Estado independiente y la respuesta de esa misma muchedumbre, segundos después, cuando Puigdemont afirmó que la independencia de Cataluña quedaba suspendida. De la euforia a la decepción. Del entusiasmo al desengaño. Un tránsito demasiado habitual en la vida que el dedo de Alvarado captó con una precisión poética.

Ese juego del antes y el después, de lo que creíamos que teníamos y perdimos, de lo que fuimos y dejamos de ser, de la vida y de la muerte es una de las grandes dinámicas existenciales. Lo volvimos a sentir hace unos días, cuando Julio Iglesias anunció que vendía el casoplón que se había comprado hace un año en Piñor. Pasamos del uyyy al ayyy. Que el cantante acabase con sus huesos en Ourense y en concreto en la mansión de 13 baños, piscina y lago artificial que en su día apañó el exalcalde de Ourense, Manuel Cabezas, cerraba una especie de círculo que ponía a Ourense en su lugar.

Nadie hubiese pensado durante la edad dorada de Iglesias que algún día el cantante iba a acabar siendo vecino. En aquel momento, las estrellas no reparaban en sitios como el nuestro. Así que, aunque decrépito y anciano, la vuelta a la tierra «do seu paeeee aplacaba» algo de nuestras justitas autoestimas colectivas. Pero resulta que no. Que Julio acabó haciéndonos un Puigdemont. Que de venir, nada. Que ni una visita, de hecho. Que no lo veremos por Piñor. Que qué pena que no estuviese Alvarado para retratarnos.