Con la playa a un paso, sin reloj ni rutina o con amistades de toda la vida. Así son las vacaciones y la vida campista. «Quisimos probar y vinimos por primera vez 15 días con una tienda de campaña. Nos gustó tanto que acabamos comprando una caravana», confiesa Almudena
01 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Antes de hablar con Almudena, alguien advierte: «Cuidado, tiene mucho carrete. Espero que tengas espacio en la grabadora». Y es cierto, porque una vez que te sientas a charlar con ella, los minutos se pasan volando. Con la mirada escondida tras unas gafas de sol y vestida con su pareo, Almudena se relaja en la silla. Es el efecto de las vacaciones. Ella las pasa en un cámping en la ría de Arousa, un lugar que no cambia ni por el mismísimo Caribe. «En verano, antes hacíamos cosas más típicas, por así decirlo. Íbamos a Tenerife, Cádiz, Huelva, Portugal... Porque, en mi caso, trabajaba seis días a la semana muchas horas y cuando cogía vacaciones necesitaba unos días de desconexión sí o sí. Incluso un año, como no conocíamos mucho lo que era la vida campista, alquilamos un apartamento para pasar una semana en las Ons», cuenta. Sin embargo, todo cambió cuando, un año, decidió que las vacaciones consistirían en ir en tienda de campaña con su marido y su hija. Cambiaron, de esta forma, el colchón viscoelástico por el inflable. «Quisimos probar y venir 15 días. Nos gustó tanto que nos compramos una caravana inmediatamente», confiesa. Tiempo para ellos y despreocupación fueron las claves por las que se decantaron por este estilo de vacaciones. «El gran descubrimiento fue que nos dimos cuenta de que teníamos espacio para nosotros, en el sentido de que mi hija estaba feliz, hablaba con todo el mundo, paraba en cualquier parcela... Nosotros podíamos estar tomando algo y ella con sus amigas tranquilamente. Fuimos muy bien acogidos y fueron dos semanas tan extraodinarias que, sin idea alguna, nos metimos ahí a comprarla», afirma.
Aun así, solo se arrepiente de una cosa. «Nos llevamos una muy grande, pero claro, no sabíamos cómo era la vida aquí. La gente nos decía que con una pequeña y con un gran cenador, ya se disfruta. Desde nuestra ignorancia decíamos: ¿Y si llueve? Es lo único que hemos hecho mal, porque realmente no vives dentro de ella», apunta.
«El gran descubrimiento fue que nos dimos cuenta de que teníamos espacio para nosotros y nuestra hija estaba feliz. Fueron dos semanas tan extraodinarias que nos compramos al caravana»
No obstante, con el tiempo, no pudo haber tomado mejor decisión. «Venimos todo el tiempo que podemos, la temporada termina el 15 de septiembre. Unos años lo disfrutas más y otros menos, depende de como te pille. Lo que te puedo decir es que no echo de menos un hotel de cinco estrellas con todo incluido, porque pudiendo estar por ahí, seguimos pagando la temporada de cámping. De hecho, y por suerte, vivo en una casa que tiene un terreno pequeñito donde puedo estar al aire libre y tampoco lo cambio. Soy muy feliz aquí», confiesa. Como curiosidad, sus padres viven a escasos minutos de allí. «Mi marido es el primero en querer venir. A veces le digo: “Pasamos este año y el que viene ya nos vamos a junto mis padres”. Y me dice: ¿Por qué?», cuenta entre risas.
El presupuesto
Por desgracia, salir de casa en vacaciones no está hecho para todos los bolsillos. En cuanto al presupuesto, ¿se gasta más estando fijo en un cámping o viajando fuera? Aunque en la mesa se genera debate entre Almudena y alguna que otra vecina, ella lo tiene claro. «A ver, lo que tú gastas ahí fuera en proporción a tres personas con hotel, vuelos, comidas, cenas... Lógicamente, aquí pagas una temporada a mayores de lo que compres, como si estuvieses en casa. Por ejemplo, vas al supermercado a coger fruta o lo que sea y en un todo incluido no», afirma. No obstante, sabe que es afortunada. Si se le pregunta sobre la posibilidad de no poder marcharse en verano a ningún lado, Almudena lo entiende. «Si no puedo salir de Vigo pues te aseguro que lo echaré muchísimo de menos... Pero tendré que adaptarme, porque la vida viene como viene», añade.
¿Y cómo es un día a día allí? «Lo que es vida de cámping, yo la conocía de mi juventud, lo típico que vas con tus amigos a un festival o con tu pareja a disfrutar un finde de playa. Pero hasta que no vives esto... Para mí fue una experiencia nueva totalmente al ir con cuarenta y pico años después de unas circunstancias personales complicadas. Estar aquí me aporta una serenidad y una tranquilidad que igual la aprecio más que otra gente por mi experiencia de vida», puntualiza. Durante esos días, no existe el reloj. Otra de las ventajas es que puede darse un chapuzón en cualquier momento. «Dices: “Voy a bajar un rato a la playa y si hace frío subo...” Creo que la aprovechamos mucho más que alguien que pueda tener un piso en el centro, por ejemplo», explica.
«¡Una de ensaladilla!»
Saludos de una parcela —lugar donde se instala cada usuario con su caravana y avance— a otra, son normales. Tomarse algo con los vecinos mientras se hace el churrasco o curiosear qué tienen para comer, también. «Lo típico., que un día te pones a hablar y le dices a la vecina: “¡Qué pinta tiene esa ensaladilla!”. Y te contesta: “¡Trae un plato que te sirvo una poca!”», confiesa Almudena. Sin duda, el lema que acompaña a los campistas se basa en: compartir es vivir.
De eso saben bien los más pequeños. «A veces pasa un niño y te pide un vaso de agua o le ofreces un plátano. Luego escuchas a su madre desde otra parcela: “¡En la tuya lo comen y en la mía no!”», dice entre risas. Sin duda, y por la forma en la que lo dice, para ella es una de las cosas que más le gustan. «Lo que me aporta muchísimo son los niños, porque me recuerdan a mi infancia, cuando podíamos jugar libres en la calle sin peligro y hacíamos pandilla entre muchos. Aquí los críos se cuidan unos a otros, se riñen, juegan a polis y cacos, se van a explorar con una linterna por ahí a las once de la noche... Quizá en el pueblo o en la ciudad no los dejas solos, pero en el cámping sí. Vuelvo a ver la vida real y veo que las siguientes generaciones están teniendo la oportunidad de vivir lo mismo que yo de pequeña», concluye.
«Aquí los críos se cuidan unos a otros, se riñen, juegan a polis y cacos, se van a explorar con una linterna por ahí a las once de la noche...Vuelvo a ver la vida real»
En cuanto a la persona que al principio de la entrevista temía por la capacidad de la grabadora, puede quedarse tranquila. Almudena resumió al dedillo y de forma concisa cómo es pasar así el verano. En conclusión: bendito cámping, hay que vivirlo.