Así que esto era Macondo

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Shakira, durante uno de los conciertos de su residencia en Madrid.
Shakira, durante uno de los conciertos de su residencia en Madrid. Ricardo Rubio | EUROPAPRESS

Vivo a una distancia más que prudente los efectos colaterales del tornado Shakira justo cuando se anuncia que su paso por Madrid cambiará la industria hasta dejarla otra vez en los huesos. Van ya una cuantas veces que una generación vive perpleja la manera de escuchar música de la siguiente, así que por esta parte nada que no haya pasado antes. En el caso de la colombiana y su innegable audacia industrial, quizás me pille con varias de esas vueltas encima, porque el torrente de admiración general se me queda un pelín desmedido, empezando por el nombre que le ha puesto a su recinto del Iberdrola Music de Villaverde, Macondo Park. En 1999, Gabriel García Márquez había escrito un perfil de la cantante para la revista Cambio. Él tenía 72 años y ella, 22, suficientes para deslumbrar hasta los huesos al premio Nobel: «Se ve que es como ella quiso ser, inteligente, insegura, recatada, evasiva, intensa. Barranquillera de hueso colorado, desde el mundo entero y desde las nubes de su olimpo añora las huevas de lisa y el bollo de yuca, y una casa de techos muy altos que no ha podido comprar frente al mar, con dos caballos y mucha tranquilidad».

Así que ese Macondo Park por el que han pasado en las últimas semanas 700.000 personas lleva el nombre de la creación más simbólica de un genio que, sí, era amigo suyo, aunque para quienes sacralizamos a Aureliano Buendía no veamos en este Macondo de Shakira nada de lo que imaginamos, convertido ahora en una S.L. de inspiración Disney.

Por piedad, atribuyan a las décadas y a las hormonas el desapego de esta loba hacia la artista del momento, mi predisposición a escuchar más las críticas que los elogios, a leer más sobre las colas y los playbacks que sobre la revolución sostenible y a atender mejor a quienes vieron los hilvanes de la ciudad efímera diseñada por uno de los grandes estudios de arquitectura de Europa que a quienes volvieron de Madrid alucinaditos perdidos. Luego está ese discurso por lo diverso y lo igualitario compatible con reclutar famosos, influencers y gente que mola en general para hacer un paseíllo en mantas térmicas, adaptación interesante de casita de la Bad Bunny. Me cheiro que la auténtica Shakira asomó con Broncano. Pero serán las hormonas.