Una experiencia inmersiva en un alojamiento de Barcelona propone una jornada extrema de terror con «escape room», cena temática, persecuciones por los pasillos y habitaciones con sangre, jaulas y ataúdes
30 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Si eres de los que no se asusta por nada, prepárate. Para este Samaín te proponemos la pesadilla inmersiva definitiva: una experiencia que combina juego de pistas, cena temática, persecuciones a oscuras y una noche en la que pegar ojo es misión imposible. El Insomnia Hotel, en Berga (Barcelona), es el único de España en el que se puede dormir dentro de un ataúd y tiene todo lo necesario para dejarte sin palabras. «Te sale un instinto de supervivencia salvaje que es muy difícil vivir en otro lado. No hay escapatoria», dice Raquel Trujillo sobre la experiencia.
Su pesadilla comenzó a las seis de la tarde para disfrutar del escape room. «Nos abrió la puerta un tipo con pinta de vampiro y una niña súper creepy, clavada a las gemelas de El resplandor», cuenta. Nada más entrar, llegó la primera sorpresa. «Nos mandaron dejar los teléfonos en una caja y la cerraron con candado. Luego nos dijeron: “Por cierto, la última pista es la combinación para abrirla. Si no la sacáis, os quedáis sin móvil”», recuerda Raquel, que fue con su marido, Dani. A partir de ahí vivieron dos horas contrarreloj para resolver los enigmas.
Quien consigue salir a tiempo de la prueba se gana el pase al comedor. La cena está tematizada y servida por un mayordomo zombi: «Nos dieron unas hamburguesas que se suponía que eran de carne humana. Tenían una pinta rarísima, pero estaban riquísimas». Para acompañar, vino y agua para calmar los nervios, mientras el elenco desgrana el tétrico árbol genealógico del lugar: el doctor loco que se sacó los ojos, la madre desfigurada en silla de ruedas y el primo Jack, un payaso diabólico retornado de un circo estadounidense. Después, los anfitriones lanzan una advertencia: «Buenas noches. Los miembros de la familia acaban de regresar y odian las visitas. Váyanse a sus cuartos y no salgan bajo ningún concepto, a menos que reciban una carta por debajo de la puerta. Ah, tienen llaves de las habitaciones».
A la pareja le tocó la del Doctor. «Era asquerosa: brazos y piernas colgando, la cama metida dentro de una jaula... Era un auténtico cuarto de torturas», relata Raquel. Para los que prefieran otros horrores, hay opciones para todos los gustos: desde habitaciones consagradas a la brujería hasta suites vampíricas para dormir en un ataúd. Una vez en la habitación, la pareja empezó a escuchar «golpes por el pasillo y a una mujer gritando: “¿Quién viene a jugar conmigo?”». Después, llegó la carta, que obliga a salir para resolver acertijos por los pasillos mientras los monstruos rondan: una abuela que se despierta si haces ruido, un experimento con cadenas y el doctor ciego patrullando. Raquel vivió su momento cumbre intentando escapar por un tobogán de obra: «Me lancé cuando Dani me gritó que frenara. Miré hacia el final y vi al Doctor trepando hacia mí. Me agarró del pie y empecé a patearlo en la cara, histérica, gritando», recuerda ahora entre risas. Después, de vuelta al cuarto, conciliar el sueño no fue fácil. «Teníamos una jaula sobre la cama y de arriba colgaba un esqueleto con trozos de carne falsa. Tuvimos que taparlo». Después de tanta tensión, conciliar el sueño les fue imposible. Sin duda, una experiencia no apta para cardíacos.