El monumento presenta deficiencias a pesar de la restauración antihumedades que se le hizo en el 2000 La belleza y proporción armoniosa de la iglesia prerrománica de Santa Comba de Bande, declarada monumento nacional en 1931 y una de las construcciones visigodas más citadas en la documentación histórica, contrasta con el olvido a que parece verse sometida por la autoridad cultural gallega. Esto se traduce en inseguridad, humedades y goteras, -a pesar de la restauración de cubiertas hace dos años- y la inoperancia de la iluminación artística. El templo sobrevive gracias al celo de los vecinos.
JESÚS MANUEL GARCÍA