En abril del 2001, tras un duro invierno, murieron más de 130 reses de monte y los dueños las ataban con artilugios para que no se acostasen porque, si lo hacían, estaban tan flacas que ya no se levantaban
Caídas de chapas y parques cerrados en la ciudad, mar embravecido en la costa que provocó la suspensión de barcos y accidentes en las carreteras de A Paradanta por nieve