Judy Clarke
Domingo, 22 de octubre 2017, 13:34
De un lado y otro de la zona desmilitarizada corren muros y alambradas, salpicados de observatorios que vigilan lo que hoy es un hábitat natural ... con gran biodiversidad ecológica. Las patrullas están sometidas a una gran tensión. Cualquier incidente puede desatar una catástrofe, ya que la DMZ es en realidad la zona más militarizada del mundo. Un millón de efectivos, norteamericanos incluidos, patrulla sus límites.
El último incidente grave en esta zona tuvo lugar en 1976. Dos oficiales americanos empezaron a talar un álamo que obstruía su camino. Fueron masacrados a hachazos por soldados norcoreanos. Su Gobierno argumentó que el álamo lo había plantado personalmente Kim Il-sung, el fundador del país. La respuesta del presidente americano, Henry Ford, fue enviar un comando para abatir... el álamo.
Los biólogos sueñan con poder explorar este paraíso preservado. Para los surcoreanos es «un sueño verde» en un país altamente industrializado. En la DMZ viven tres mil variedades de plantas y animales, decenas de ellos en vías de extinción, como osos pardos, linces... Y eso que corren el riesgo de pisar alguna de las minas que quedaron tras la guerra. Se estima que hay aún más de un millón sin desactivar.
En los límites de la zona desmilitarizada se siguen encontrando los cuerpos de numerosos soldados caídos en la guerra de 1950-1953. En el conflicto murieron tres millones de personas; dos de ellos, civiles. Seúl quiere convertir esta zona en patrimonio de la Unesco para salvaguardar su naturaleza y como símbolo de la paz cuando el país se reunifique.
El río Bukhan (en la foto, helado) atraviesa los dos países. Antes, en esta zona había pueblos habitados. En octubre de 2007, en un acto simbólico, el presidente surcoreano, Roh Moo-hyun –que se iba a encontrar con su homólogo, Kim Jong-il–, cruzó la zona desmilitarizada a pie. Declaró: «Esta línea prohibida está llamada a desaparecer un día». Hoy, ese día parece aún lejano.
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