Patente de corso

Aplauden como focas amaestradas

Viernes, 9 de enero 2026, 10:21

Aplauden, fíjense en ellos. Aplauden siempre, lo aplauden todo. Aplauden incluso cuando el líder dice una gilipollez o miente con la impune desvergüenza de quien sabe que nadie le pedirá cuentas. Aplauden en grupo, a coro, jaleando la consigna como si les fuera la vida en ello, porque en realidad les va: el cargo, el coche oficial, el despacho, la tarjeta de crédito, el restaurante que nunca frecuentarían de dedicarse a un trabajo decente. Saben que aplaudir como focas bien entrenadas –y que me disculpen las honradas focas– es más rentable que el pensamiento.

La política española se ha convertido en un redil de sinvergüenzas sumisos, donde no te premian por hacer bien las cosas, sino por agachar las orejas

El político que aplaude sin pensar no es un error del sistema; es el perro de Pavlov de su partido, la escoria que resta cuando ... se esfuma todo criterio propio. No es un representante público, es un comparsa. No está ahí para opinar, sino para obedecer. No para debatir, sino para asentir. No para servir al ciudadano, sino para respaldar al jefe. Pedro Sánchez, con su estilo de gobernar, ha patentado la marca: los partidos políticos españoles se convierten en redil de sinvergüenzas obedientes donde no te premian por hacer bien las cosas, sino por agachar las orejas. Son valientes en Twitter y cobardes cuando su jefe los mira. No lo quieren, sólo le tienen miedo. Pero el miedo ata más que la lealtad.

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Sobre la firma

Arturo Pérez-Reverte

Articulista de Opinión

Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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