Por José Segovia
Martes, 25 de julio 2023, 13:30
El temprano fallecimiento a los 33 años de Eva Perón fue una irreparable pérdida para los seguidores de la Abanderada de los Humildes y la Dama de la Esperanza. Para los que la odiaban, aquellos que la llamaban ‘la yegua’ o ‘la potranca’ lo que en el lunfardo de la época significaba ‘prostituta’, ‘copera’ o ‘loca’ , su muerte suponía el final del mito. Pero se equivocaron. Su marido, el presidente argentino Juan Domingo Perón, la mandó embalsamar, y su cuerpo se convirtió en un símbolo amenazador para los enemigos del Partido Justicialista.
El encargado de inmortalizar el cuerpo de Eva Perón fue el médico español Pedro Ara, que en 1925 se trasladó a Argentina como agregado cultural ... de la Embajada de España. Cuando Perón fue derrocado en 1955 por los militares, los servicios de información del Ejército pensaron que debían quemar los molestos ‘despojos’ de Evita. Pero nadie se atrevió a ejecutar la orden. Los sectores de la resistencia peronista querían evitar la vejación de los restos embalsamados, para lo cual idearon una maldición que supuestamente iba a afectar a los posibles profanadores. El mensaje era claro: «Si algo le pasa al cuerpo, mucho más grave va a ser lo que te va a pasar a ti».
El interminable viaje a ninguna parte de Evita y las muertes que se sucedieron alrededor de ella trajeron a la memoria la maldición que rodeó el descubrimiento y profanación de la momia de Tutankamón. A los tres años de su deceso, el cadáver permanecía intacto en las dependencias de la Confederación General del Trabajo de Buenos Aires, donde se construyó un laboratorio aislado que fue vigilado por militares.
En su enloquecido periplo por medio mundo, la momia de Evita recaló en Madrid. Tras salir de Argentina y descansar durante varios años en un convento italiano, sus restos fueron devueltos a Perón en 1973, que en aquel entonces vivía exiliado en la exclusiva colonia de Puerta de Hierro, en la capital española. La leyenda cuenta que López Rega El Brujo obligaba a la tercera mujer de Perón, María Estela Martínez, más conocida como Isabelita, a tumbarse sobre el cuerpo de Eva para que recogiera sus efluvios espirituales. El extraño ritual debió de producirse en el Madrid de los años setenta del pasado siglo.
Años antes de momificar el cuerpo de Evita, el doctor español Pedro Ara embalsamó el cadáver del compositor español Manuel de Falla, que murió en noviembre de 1946 en Argentina.
Los restos de Juan Lavalle, héroe de la independencia argentina, que murió en 1841, fueron transportados por sus soldados de un lugar a otro del país para preservarlos de la depredación de sus enemigos.
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