El frío, el arma rusa que derrotó a Napoleón y a Hitler y sigue ganando batallas
General invierno

El frío, el arma rusa que derrotó a Napoleón y a Hitler y sigue ganando batallas

Napoleón, los suecos o Hitler se internaron en Rusia para domeñarla. Fracasaron. Los machacó el frío, un aliado de los rusos poderoso e inmisericorde que desquicia a los soldados y gana batallas. Ahora que el frío sigue marcando los combates de la guerra de Ucrania, repasamos cómo el 'general invierno' ha marcado la historia.

Por José Segovia

Miércoles, 17 de enero 2024, 14:22

La mañana del domingo 14 de septiembre de 1812, bajo un engañoso sol deslumbrante, Napoleón y sus hombres llegaron a Moscú, cuyas calles y edificios habían sido abandonados por la población. Al entrar en la ciudad, lo que más sobrecogió a los franceses fue el silencio, interrumpido por esporádicas detonaciones. Dos días después, la capital rusa comenzó a arder por los cuatro costados. Antes de evacuar la ciudad, el gobernador Rostopchín ordenó a un centenar de voluntarios que la incendiaran una vez que los franceses se hubieran instalado en ella. Los rusos también quemaron los campos y aldeas que la rodeaban, dejando sin avituallamiento a los invasores.

Los soldados removían las entrañas de los caballos para comer el hígado o beber su sangre caliente

Napoleón pensó que los ejércitos del zar podrían atacar en cualquier momento. No estaba dispuesto a dejarse atrapar en una emboscada y abandonó Moscú solo ... un mes después de haberla conquistado. Durante la retirada comenzó el calvario de la Grande Armée, las temperaturas cayeron en picado. Los oficiales veían como los soldados despedazaban a los caballos que habían desfallecido. Algunos granaderos hundían los brazos en el vientre y removían sus entrañas para buscar el hígado mientras otros bebían la sangre caliente del animal. Los últimos equinos que sobrevivieron resbalaban y caían postrados arrastrando con ellos a los jinetes. El suelo era un espejo de hielo impracticable. Los días eran tan cortos que los franceses ya no sabían cuándo comenzaba y acababa la gélida noche.

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