Un experimento al límite
Adaptarse o morir: ¿cómo reacciona el cerebro en situaciones extremas?
El explorador suizo Christian Clot se ha jugado la vida en los cuatro lugares más inhóspitos del planeta para que los investigadores examinen cómo se adaptan el cuerpo y la mente para poder sobrevivir. Te avisamos: no es apto para amateurs...
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-58 grados. Humedad: 80%
Siberia: la soledad era esto
«Hice esquí de travesía durante 180 kilómetros. Perdí el sentido de la orientación y pasaba las noches en vela. El aislamiento era una tortura. ... Lo más duro de la experiencia. Hablaba conmigo mismo para no perder la cabeza».
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Decisiones al límite
Los neurocientíficos han encontrado una mina en Clot, que se somete a resonancias para identificar las regiones cerebrales que intervienen durante la toma de decisiones bajo máximo estrés.
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Cobaya humana
Clot perdió durante el experimento15 kilos de masa muscular. Se sometía a electros y análisis de sangre sobre el terreno. «En Siberia mi sangre salía gota a gota; mientras que en el desierto brotaba como un géiser», recuerda.
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La importancia de la esperanza
«No sobrevive el más apto ni el más inteligente, sino el que se adapata mejor. Y solo te puedes adaptar si encuentras algo que te guste. Un aliciente. Si nada te atrae, pierdes la esperanza» reflexiona.
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-7 grados. Humedad: 98%
Patagonia: la tormenta perfecta
«Navegé 410 kilómetros. Padecí una tormenta durante 12 días, con vientos de costado de hasta 130 kilómetros por hora. Cada palada suponía un esfuerzo de concentración. Mi kayak volcó y estuve 17 minutos en el agua a 4 grados, luchando para no morir de hipotermia».
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+44 grados. Humedad: 100%
Amazonas: echas de menos el desierto
«Hice 280 kilómetros por la selva, a pie y en canoa. Es un infierno donde solo puedes dar pasitos de bebé y no tienes sensación de avanzar. En comparación, el calor seco del desierto es soportable».
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-58 grados. Humedad: 80%
Siberia: pulmones abrasados
«Solo en el centro de la Antártida hace más frío que en los montes Verkhoyansk, en Siberia. Por las noches tenía que calentar el aire antes de respirarlo, para evitar que me abrasara los pulmones», cuenta.