«Hemos conseguido que la gente venga expresamente a la playa para tomar algo aquí, y no al revés». Así resume Aroa Castiñeira el cambio de rumbo que quisieron darle al mundo de los chiringuitos. Esos lugares de mesas y sillas de plástico marcadas con un rótulo publicitario, casi siempre de una marca de cerveza o de helados, tantas veces pringosas y plantadas al tuntún en la arena. El Calma Chicha de Fisterra tiene flores frescas, sillas blancas y hasta baldosas en la cocina al más puro estilo neoyorquino. Las vistas a la playa de Langosteira hacen el resto. «Vienen turistas pero también locales, aunque no haga día de playa. Tenemos las sesiones vermú y en vez de un pulpo á feira lo servimos en tempura, con helado de pimientos de Padrón. Están empezando a florecer unos espacios que son lo habitual en el Mediterráneo», cuenta Castiñeira.

En la Arrocería A Lanzada, en la carretera de San Vicente do Mar (O Grove), no quieren que su nombre confunda: «Somos un chiringuito», insiste Sebastián Rivas, el propietario. «Cuidamos la decoración y el servicio. Tenemos seis ambientes distintos, desde el chill out al de coctelería. En el mobiliario antepusimos la madera, la tela y la paja. El objetivo es transmitir una sensación de Caribe gallego», explica Sebastián. Un pinar con los árboles tratados por una asociación cultural de O Grove y las vistas a uno de los arenales más extensos de las Rías Baixas arrastran a los clientes desde los desayunos a las sesiones de disyóquey.

La playa de Sinás, en Raxó (Poio), era el rincón en el que Óliver da Silva Iglesias se reunía con sus amigos para pasar las noches de verano. Fue en una de esas fiestas cuando tuvo la idea de crear ahí un chiringuito. De eso han pasado 23 años. En el 2014 fue elegido el mejor de España gracias a los votos de los usuarios de una web. «La gente viene por la localización, casi encima del agua, pero también para cenar nuestra pizza de pulpo y queso de tetilla», cuenta.

Los veraneantes y vecinos de Bueu han encontrado el mejor plan para sus puestas de sol en un chiringo con nombre evocador, Galifornia, y con una localización aún más sugerente, la playa de Tuia. «En Galicia poco a poco vamos cambiando el concepto de chiringo y nos preocupamos más porque el cliente disfrute en todos los sentidos. Que sea capaz de desconectar tomándose algo y contemplando el entorno. No hace falta irse a California», aseguran desde el Galifornia, con G, donde sus conciertos al anochecer son su punto fuerte. En la playa de A Frouxeira, en Valdoviño, A Saíña reúne a surfistas y playeros atraídos por sus mesas y bancos creados a partir de antiguas embarcaciones. «Lo hemos hecho con todo el mimo posible para respetar la naturaleza de la zona. Nada de tablas viejas», apuntan desde A Saíña.

El mismo espíritu ha guiado a los dueños del Pé na Praia, en la carretera de A Lanzada, en Noalla (Sanxenxo). Si se cierran los ojos, la bossa nova de João Gilberto o el reggae de Gregory Isaacs que suenan de fondo mientras se saborea una caipiriña o un mojito pueden transportarnos al otro lado del Atlántico. Aunque, pensándolo bien, no hace falta. Las vistas a la ermita de A Lanzada son únicas. «Todavía hay muchos chiringuitos poco cuidados, para nosotros desde la estética a la música ambiente importan. Queremos que sea un espacio agradable y bonito, y primamos la calidad de nuestros zumos y cócteles, elaborados con fruta fresca», dice Douglas Augusto dos Santos, copropietario. Como reza su cartel en brasileiro: «Perto do mar a gente é mais feliz».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
42 votos
Comentarios

Los chiringuitos que derrochan encanto