
Residía yo y trabajaba en el país de los vascos. Trataba de concienciar desde su Parlamento a sus señorías sobre problemas previsibles en materia de SALUD PÚBLICA. Me lo gané por mi profesión que nunca fue la de político. Lo había hecho logrando debate monográfico del Parlamento Vasco sobre la POBREZA Y SUS DERIVADAS SOCIO SANITARIAS, tuve el honor de formar parte del DAK- como Jefe de Servicio Hospitalario- en la lucha integral contra la heroína. De ahí que en los discursos a los que se puede acceder fácilmente con motivo del "estado de la Comunidad en tiempos de Ardanza" anunciaba: movimientos migratorios muy conflictivos, envejecimiento poblacional con cambios y demandas socio sanitarias, nuevas o viejas enfermedades infecto contagiosas para las que habíamos perdido inmunidad y preparación asistencial -la medicina no solo está en los libros, está en los hospitales, de tal forma que la experiencia viene dada por el número de casos diagnosticados y tratados-.
Este marzo nos lleva a recordar como hace cinco años estuvimos inmersos en una brutal PANDEMIA POR COVID. Hoy casi no nos impresionan las cifras de enfermos, muertos, desaparecidos y dependientes por secuelas. Dicen que la memoria histórica cada vez dura menos por la inmediata incorporación del nuevo aluvión de noticias. Si bien se han creado algunas organizaciones ciudadanas para pedir amparo y responsabilidad, al menos en aquellas personas con dolencias crónicas y aquellas familias que perdieron a sus mayores ingresados en RESIDENCIAS.
Más de 150.000 fallecidos en España. En Galicia 4.190. Según el SERGAS en Galicia se infectaron 738.778 personas. En la provincia de Lugo 83.479. Más del 42% de los fallecidos pertenecían a la población entre los 80-89 años de edad.
Las medidas que se tomaron nos cambiaron la vida. Dejamos de ser ciudadanos libres a ser confinados, sancionados, amenazados, asustados y en gran medida mal informados. Me sigo llevando las manos a la cabeza al recordar aquellas comparecencias del "comité" que más bien parecía de guerra o de estado de excepción. Solo recuerdo al médico SIMÓN que había sido elegido por sus experiencias con el Ébola en África. Los demás eran agentes de la autoridad. Recuerdo con angustia causal tres escenas. El parte diario de muertos y nuevos casos; las prohibiciones y sanciones; la heroicidad de los sanitarios sin medios, sin experiencia sobre lo que empezó siendo NEUMONÍA y se afirmó como ENDOTELIOSIS síndrome inflamatorio multisistémico, su riesgo ante una grave enfermedad profesional con resultado de muerte, los protocolos para el ingreso en las Unidades de Cuidados Máximos Hospitalarios. -Siempre han existido desde que se crearon las UCIs-.
Y llegaron las vacunas. ¿Qué fue de todas aquellas que se presentaron en sociedad y no se usaron o solo hasta que alguien decidió retirarlas? ¿Qué fue de la vacuna española? ¿Qué efectos buenos y malos tuvo la campaña de vacunación?
Si no estuviera jubilado como médico por cuenta ajena demandaría un informe completo epidemiológico de lo que pasó, desde el comienzo hasta las secuelas. Aguardo alguna tesis doctoral sobre el particular. Entre otras razones científicas para evitar que la próxima pandemia sea sazonada con los errores del persistente COVID.
* Pablo Mosquera, médico. Fue director gerente del Hospital da Costa, en Burela. Y exparlamentario.