Librerías vilagarcianas con historia

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la torre REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

El cierre de Follas Novas recuerda que a Vilagarcía le falta un hervor para ser la ciudad que soñamos

23 mar 2025 . Actualizado a las 10:17 h.

Follas Novas Vilagarcía era el sueño de Manuel Silva, uno de los fundadores de Follas Novas Santiago, que se había trasladado de Silleda a Baión, donde se casó, tuvo tres hijos, puso en marcha una granja de gallinas que surtía de huevos a medio Salnés y acabó montando con sus hermanos Rafael y Amador la librería Follas Novas Santiago en la calle Montero Ríos, en lo alto de la Praza Roxa.

La librería compostelana abrió sus puertas el 13 de diciembre de 1971 y otro diciembre, pero de 2017, abría el sueño de Manuel: una sucursal de Follas Novas en su comarca, en Vilagarcía de Arousa. Pero la librería cierra. Como decía Manuel Silva y recuerda Beatriz, su encantadora y peleona hija, absolutamente comprometida con el proyecto vilagarciano: «Non se pode botar máis millo do que se pode cavar». El sueño de Manuel Silva choca contra la dura realidad y se convierte en la prueba del algodón para definir la realidad de Vilagarcía: si cierra una librería de tanta categoría y nivel es porque a esta villa le falta un hervor para convertirse en ciudad.

En la historia de las librerías vilagarcianas, resplandece la Celta, que estaba en la calle Ramón y Cajal desde que el dueño de la imprenta Celta de Lugo envió a Vilagarcía en 1938 a Severino González Lazán para que se encargara de la imprenta que acababa de comprar, donde se editaba el periódico Galicia Nueva.

El periódico no era negocio y el empresario lucense lo cerró, pero Severino creyó que la imprenta sí sería rentable, la compró por 50.000 pesetas en 1940 y así nació la librería e imprenta Celta de Vilagarcía, donde se editó el que se considera primer libro publicado en gallego desde la Guerra Civil (hay otras teorías que aseguran que fue el segundo): Cómaros Verdes, escrito por Aquilino Iglesia Alvariño, a la sazón director del colegio León XIII.

En la Celta se vendían libros prohibidos que traía un señor de Zaragoza, ediciones argentinas de obras prohibidas escritas en gallego como Sempre en Galiza de Castelao o Longa noite de pedra de Celso Emilio Ferreiro y libros perseguidos de Lorca y Blanco Amor. Dámaso Carrasco, Valentín Briones o Celso Callón iban a la Celta a finales de los 40, principios de los 50, y se llevaban los libros prohibidos envueltos en papel de periódico. Y a finales del pasado siglo, Antonio González Rollán y el pintor Antón Rivas Briones tenían una tertulia al atardecer cuando el artista hacía un alto en su camino hacia el Liceo Marítimo mientras Magdalena, hermana de Antonio, charlaba en la trastienda, en el marco de una tertulia femenina, con señoras tan interesantes como Ángela González.

Servicio de cambio de novelas

Cuando Antonio murió, en 1993, la Celta cerró y la librería más antigua de Vilagarcía pasó a ser la de Waldina, en Carril, que ahí sigue, resistente y adaptándose a los tiempos. La abrió la propia Waldina cuando tenía 17 años y ha ocupado cuatro locales diferentes. Desde 1986 la lleva su hijo, Fernando Pereira, que renovó el servicio de cambio de novelas que implantó su madre: permite llevarse un tomo a casa para, una vez leído, cambiarlo por otro pagando tres euros. Además, si alguien compra un periódico, bolígrafos o golosinas puede llevarse un ejemplar gratuito.

En la triste relación de librerías con historia que han cerrado, no podemos dejar a un lado la de José Montáns, que regentó con Chelo hasta el 2022. Su madre, María, tenía un quiosco en la plaza de Galicia y él trabajó en la banca y fue profesor en Fontecarmoa y en el Armando Cotarelo al tiempo que su esposa regentaba la librería de Conde Vallellano.

Otra librería-quiosco con historia es la de Pampín. José Rodríguez Pampín abrió su primera librería en 1967 en Rey Daviña, frente a la cafetería California, por donde luego estaría el primer comercio de Zara. Se trasladó después un poco más arriba, a un local que quedaba donde hoy está la sala Rivas Briones. Luego se instaló en la calle Juan Francisco Fontán, es decir, El Callejón del Viento, donde, ya retirados Pampín y Lolita, fue su nuera, Maso Mesejo, quien llevó con entusiasmo la librería hasta el cierre en diciembre de 2019.

Y cómo olvidar la librería Limiar de Xosé Castro Ratón, que supuso una revolución cultural en Vilagarcía, se convirtió en referencia libresca y renovó la tradición de tertulias reivindicativas con aquellas reuniones sabatinas de los colectivos CGDECU y CGDESMU. Otro cierre sentido fue el de Vértice, que abrieron en 1994 Alejandra Sandra Abal y Teresa Outeiral y resistió hasta 2014.

También hay aperturas

Pero olvidemos los cierres y quedémonos con las aperturas: Metrópolis Cómics Vilagarcía, abierta en el 2020 en Juan Carlos I, en plena pandemia, la arriesgada apuesta de los hermanos Manuel y Luis Rodríguez, y su socio, Daniel Albanese, que prefirieron expandirse desde A Coruña hacia el sur por Vilagarcía en lugar de optar por lo fácil: Pontevedra o Vigo; Hojas de Lorien, inaugurada por Anabel Rocha en el 2024 en Edelmiro Trillo, una magnífica librería de segunda mano, y en la misma calle se encuentra, desde marzo del 2020, Espazo Lector Nobel Arousa, que, con el cierre de Follas Novas, se convertirá en la gran librería de referencia para los vilagarcianos.