
La colareira impartirá talleres sobre su oficio desde su rinconcito de Confín
30 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Nada mejor para poner en valor el oficio de colareira, las joyas fabricadas y por ende la artesanía, que recibir al cliente aguja en mano engarzando conchas. Eso fue lo que pensó Montse Betanzos cuando decidió darle un giro al espacio de venta del que disponía en los bajos de su propia casa, donde también produce las piezas que la han hecho conocida más allá del istmo de A Lanzada. Transformó el lugar en una tienda-taller con el objetivo de que quien quiera visitarla pueda descubrir de qué manera se fabrica el producto que comercializa desde O Grove, y que pueda desde allí acariciar la arena en la que se recolecta la materia prima que da lugar a sus piezas. Una gran panorámica de A Lanzada, y una repisa de arena reciben al cliente mientras ella centra la mirada en el hilo y agujerea el material marino.
Las instalaciones invitan a sumergirse incluso en el almacén donde guarda cientos de tiras que más tarde se convertirán en adorno de diademas, pulseras, sandalias, gorros o collares, porque la concha se adapta a múltiples accesorios, decenas de combinaciones de colores para adecuarse a las tendencias y también a los gustos del consumidor.
No se trata de un concepto nuevo, pero en O Grove no abundan los talleres artesanos abiertos al público como tal, así que este parece, más allá de la venta, un buen gancho turístico desde donde narrar al visitante la historia local, para que se lleven al menos un buen recuerdo y algo de esa esencia con la que tanto se identifican los mecos.
Esta novedad en el espacio permitirá a Betanzos introducir cursos mediante los cuales enseñar el oficio a quienes tengan curiosidad por aprenderlo, para poder seguir con una tradición a la que Montse ve falta de relevo generacional, cuestión que le preocupa, «se destes talleres saen aínda que sexa dúas persoas que queiran dedicarse a isto, xa quedo contenta», confiesa. En medio de su apretado calendario pretende encajar el primer taller, «probablemente en Semana Santa», avanza la colareira.
Mientras tanto se afana en seguir creando nuevos engarces con las conchas de siempre, buscándole esa vuelta que le confiere un aire vanguardista adaptado a los tiempos, y colaborando con otras empresas que requieren de sus creaciones para bordar sobre prendas textiles. La empresa no se detiene nunca, tiene una plantilla familiar, y buena falta hacen todos, pero es que además dispone de colaboración externa, pues otras cinco personas cosen puntualmente para poder dar salida a los pedidos y la mercancía que viajará por toda España gracias a los mercados donde Montse Betanzos es ya una marca más que consolidada.