Vicente García Pérez: Don Vicente, una persona noble y honrada

Cientos de familias de la comarca fueron testigo de su profesionalidad, saber y experiencia


Sucedió en los primeros días del mes de enero de 1974. Era primera hora, hacía fresco y, con dos docenas escasas de mozos, me arremolinaba en el patio, frente a la Escuela de Suboficiales de la Armada, en San Fernando, a la espera de instrucciones para iniciar la formación en la Instrucción Militar de la Escala de Complemento de la Armada (Imecar). De las personas que iban y venían, se detuvo una frente al grupo de pelones y preguntó si había alguien del entorno de Palmeira. ¡Siempre la patria chica! Era Vicente García Pérez. Desde el primer momento tuve la convicción de encontrarme ante una persona noble y honrada, como me demostró ser en múltiples ocasiones. Una persona que te mira de frente y a los ojos. Escritos estos dos calificativos, sobran todos los demás.

Vicente García estaba en la escuela desde hacía meses y a mí, si todo iba en orden, me esperaban seis de formación allí y un año de destino.

En esos meses tuvimos ocasión de sincerarnos, y su María Isabel formaba parte de todas las conversaciones. Se quitaba el lepanto, miraba la fotografía de su amada y preguntaba al cielo: «¿A que es guapa?».

Conocí a sus padres y a sus hermanos en su casa de Cádiz. Fui convidado a comer con ellos muchos domingos, excelentes anfitriones (de tal palo, tal astilla, reza el refrán), y, en aquellos momentos de soledad íntima, guardo inolvidable recuerdo, especialmente de su madre, bondadosa y familiar, mi segunda madre aquellos meses.

Tras esta fase, cada cual orientamos nuestras vidas en lo profesional y en lo personal. ¡En lo profesional! Cientos de familias de la comarca, y creo no equivocarme si escribo que miles, fueron testigo de su profesionalidad, de su saber y de su experiencia, incluida la mía.

Hace unos años, la vida le dio un zarpazo del que difícilmente puede levantarse cabeza. Esta mañana recibí la noticia de su óbito, totalmente inesperado, y me quedé sin palabras. Querido Vicente: Déjame que, al menos por una vez, te llame don Vicente, que el tratamiento te lo has ganado a pulso, y estoy seguro de que este es el sentir de tantas y tantas personas a las que resolviste sus cuitas. Y a donde te encuentres, te envío un fuerte y afectuoso abrazo. Para siempre.

Será enterrado hoy en el cementerio de Palmeira. Sus restos mortales saldrán a las 16.30 del tanatorio de Xarás.

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