Cambiar la playa por los libros

María Vidal Míguez
María Vidal A CORUÑA

A CORUÑA

Reportaje Es un cambio drástico pero a muchos jóvenes adolescentes no les queda otra opción que cambiar los arenales por las salas de estudio para aprobar el curso

26 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?s otra de las imágenes del período estival. Bibliotecas abarrotadas de estudiantes, mesas repletas de libros, papeles y muchas prisas, vaticinios, nervios, explicaciones y dudas. Con la llegada del mes de agosto, cientos de estudiantes, la mayoría universitarios, se ven obligados a remplazar la playa y el sol por los apuntes y el flexo. No les queda otra, el curso finaliza en septiembre y no pueden dejar pasar la oportunidad de intentar mejorar, y, en algunos casos salvar los resultados globales del año. Los exámenes están a la vuelta de la esquina, es temporada alta de estudio y eso se nota. Encontrar un sitio en alguno de los centros municipales de la ciudad es tarea difícil a medida que se acercan las temidas fechas de las pruebas. Pero los jóvenes estudiantes, no pierden la sonrisa de la cara, y reconocen resignados, «por una cosa o por otra seguimos sin ver la luz del sol. Antes por salir por la noche y dormir por la mañana, y ahora por estar aquí encerrados todo el día», comenta Anxo Rodríguez, estudiante de Informática. Las aulas transformadas en biblioteca de la antigua facultad de Empresarial, detrás de tribuna del estadio de Riazor, abren desde el pasado 15 de agosto hasta las dos de la madrugada, de lunes a sábado. Aún así, hay quienes metidos en el mundo del estudio que les parece poco. «Deberían abrir una biblioteca las 24 horas. Prefiero estudiar en un centro que en casa, porque entre la televisión, el ordenador y ahora el Mundial de Baloncesto es imposible», reconoce Juan Vigil, estudiante de Derecho. Estos días aún hace buen tiempo para ir a la playa pero la mayoría de ellos sabe que no les queda otra opción. «Es duro, porque después de estar todo el verano sin hacer nada cuesta, pero ya hemos disfrutado el resto del verano intensamente sabiendo lo que venía», señala Inés Rodilla, estudiante de Ingeniería Química en Santiago. La antigua escuela de Empresariales es muy adecuada, por su horario, para los estudiantes nocturnos. «En casa por la noche hay ruido, aquí hay silencio y ambiente de estudio. Lo único que te pueden distraer son las chicas», ríe Álvaro Rodríguez, estudiante de Obras Públicas, y añade «además siempre hay alguien que te pueda solventar una duda». En la biblioteca municipal del Rosalía de Castro, como en muchas otras, te pueden retirar tus objetos personales si te ausentas más de treinta minutos de tu lugar de estudio. Aunque en principio puede resultar un inconveniente, el caso es que para algunos chicos es una ventaja. «A mí me parece bien. Es una de las cosas por las que vengo, te obligan a no perder el ritmo de estudio», señala Laura Sánchez, estudiante de Turismo.