El proceso por la muerte del niño en la piscina del Liceo sigue estancado
A CORUÑA
Ahora es la Fiscalía la que retrasó el caso, al no presentar el escrito de acusación pese a que debía hacerlo en octubre
03 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Ya han pasado dos años y medio de la muerte del pequeño Diego Novo en la piscina del colegio Liceo la Paz y el proceso judicial no avanza. El pasado mes de octubre la jueza instructora anunció a las partes la imputación de hasta siete personas como supuestos autores de un delito de homicidio por imprudencia, y emplazó al fiscal y a los padres del menor a que presenten el escrito de acusación y soliciten la apertura del juicio oral. El fiscal todavía no lo ha hecho a pesar de que la magistrada le había dado un plazo de diez días. Esto es lo que está en estos momentos retrasando la fecha del juicio.
El caso por el fallecimiento del pequeño de 4 años avanzó lentamente desde sus inicios. Ha habido meses en que permaneció completamente parado, bien por problemas de bajas médicas en el juzgado, bien por los recursos presentados por las partes. Finalmente, y después de que la Audiencia Provincial revocase el año pasado el sobreseimiento de las actuaciones que impulsó el Juzgado de Instrucción número 3 -la magistrada no veía delito penal alguno en la actuación de los responsables del colegio-, en el banquillo de los acusados se sentarán, aparte de los dos propietarios del centro, la monitora de natación, el socorrista, el coordinador de actividad de piscina, el jefe de estudios y el director técnico.
La jueza repasó en un auto lo que ocurrió en la mañana del 30 de marzo del 2009. La clase en la que murió el menor se prolongó de 10 a 10.30, estando presentes en la piscina tanto la monitora como el socorrista. La clase transcurrió sin incidencias hasta que, diez minutos antes de su finalización, una profesora de apoyo ve al niño solo, sin chanclas, en los vestuarios. Nadie supo decir cómo había llegado Diego hasta ahí, pues lo habitual era que los niños pidiesen permiso para ir al baño y que alguien los acompañase, al menos hasta la puerta de los vestuarios. Nadie lo acompañó aquella mañana. Lo cierto es que el crío regresó al agua. Cuando la clase terminó y salieron todos del agua, nadie se percató de su ausencia. Se dieron cuenta de la tragedia cuando entró en la piscina el siguiente grupo.