La batalla de Alvedro

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira CRÓNICAS DESDE LA TORRE

A CORUÑA

26 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Orientado el futuro del puerto exterior, con las primeras inversiones ya comprometidas y otras ventanas de negocio abiertas de par en par, el alcalde, Carlos Negreira, afronta un otoño caliente en la otra infraestructura económica clave para garantizar la accesibilidad de la comarca coruñesa: el aeropuerto. Sobre Alvedro siempre sobrevuelan muchas dudas. El aeródromo coruñés consiguió despegar en cifras de ocupación en la primera década del siglo XXI. Con turbulencias varias, bien es cierto, y crisis cíclicas que no hacían más que alimentar las dudas sobre la utilidad del mismo. Con el paso de esas inesperadas crisis, Alvedro salió fortalecido, superó la barrera del millón de viajeros con holgura y consiguió adelantar los plazos del plan director para poner en marcha una ampliación de la pista de aterrizaje en cuatrocientos metros más que no estaba programada hasta el horizonte del 2015.

Pero si algo es Alvedro, es útil. Primero, porque reduce los tiempos entre la ciudad y los principales polos de poder, político y económico. Segundo, porque es una herramienta clave para las grandes empresas asentadas en el área coruñesa, desde donde operan, entre otras muchas, la primera empresa europea por facturación o algunas de las firmas de referencia españolas. Tercero, porque para una ciudad, y una comarca, que han hecho del sector servicios el eje principal de su actividad, es fundamental captar viajeros que alimenten los palacios de congresos y auditorios -muy numerosos por cierto- situados en A Coruña y su área de influencia.

Esas son algunas de las razones por las que el aeropuerto es fundamental en los planes de futuro de la ciudad. Tiempo y clientes son dos de las variables en las que Alvedro es fundamental para el futuro de la ciudad y motivos más que suficientes -junto con el servicio a los propios ciudadanos y votantes- para hacer una apuesta decidida por el aeropuerto en la que no todo se base en echarle la culpa al que estaba antes, a la coyuntura económica o a que los otros competidores se encuentran peor.

Los antecedentes son fáciles de revisar. Los precios de los vuelos a Madrid en los meses de marzo a mayo, cuando Iberia se quedó sin competencia, se dispararon hasta los ochocientos euros al ser la única alternativa. Alvedro sigue en caída libre desde entonces y superó el medio millón de viajeros en la segunda semana de este mes de agosto, con lo que las cifras del año caerán por debajo de los 800.000 viajeros. Un duro palo.

Mientras, toca esperar por la hoja de ruta que el alcalde y su concejala de Turismo, Luisa Cid, presentaron el pasado año para explicar que A Coruña iba a cambiar el perfil de su aeropuerto para apostar por las conexiones con Madrid y Barcelona -ambas reducidas de forma considerable tras la desaparición de Spanair-, así como con los principales hubs europeos. El resumen hasta la fecha es que Alvedro está mucho peor que hace un año. Y la batalla por recuperar su atractivo es clave para generar empleo y actividad económica.