a coruña / la voz

A la ciudad la pintarrajearon hasta en el cielo de la boca. Se mire a donde se mire, hay un borrón, un nombre coloreado y trazos sin sentido estético ni ético. El problema es de tal magnitud que la empresa adjudicataria a la que se encomendó su limpieza realizó un estudio recientemente y cifró en 1.600 las «incidencias», que es así cómo en el lenguaje técnico se califican los grafitis. Entre todas, ocupan 268.000 metros cuadrados de paredes, muros, edificios históricos, garajes, contenedores, portales o estatuas. Solo el cielo se salva.

El salvajismo atacó a unos barrios más que a otros. Sin duda, el más afectado es el distrito que acoge desde Monte Alto, el Orzán y toda la zona de la Pescadería. Se han contado los grafitis y suman 525. Le siguen las zonas de Cuatro Caminos, Os Castros, A Gaiteira y Os Mallos, con 465 pintadas sobre una superficie de 27.000 metros cuadrados. Curiosamente, donde residen la mayoría de los grafiteros identificados.

El distrito mejor librado es el que engloba a Vio, Feáns, Mesoiro y Pocomaco, donde solo se encontraron 18 grafitis. Le siguen Los Rosales y Visma, con 28 incidencias.

Hay calles «impresentables». En la del Orzán, por ejemplo, apenas quedan edificios sin ensuciar. Como las plazas de Riazor, Orzán y Matadero. Esa vista que podía ser de postal, la más visitada por los turistas junto a Puerta Real, tienen metros y metros de grafitis. «Es una auténtica lástima. Dan ganas de llorar», dicen desde la asociación vecinal Ensenada del Orzán.

La batalla contra los grafitis viene de lejos. Pero cuando limpiaban una pared, a la mañana siguiente aparecían pintadas dos. El tiempo fue pasando y el feísmo se multiplicó por toda la ciudad. Se batalló con agua, con diálogo y con sanciones. Pero no fue hasta que el asunto se llevó a Fiscalía, cuando el Ayuntamiento sentó a los principales causantes de los destrozos ante un juez y así se logró frenar a los autores, según fuentes municipales. Se debió a que ahora se les imputa un delito de daños, que lleva emparejado pena de prisión, multa y reparación del daño. Pero su mal ya está hecho y ahora toca pasar agua a presión.

Personajes como el que está detrás de la firma Goas, al que se le atribuyen más de 500 pintadas, tuvo que pisar unos días el calabozo para que dejase la pintura en casa. Pero antes, se intentó hablar con él. Mientras otros aceptaban el castigo, este se negó en rotundo. Les dijo a los técnicos de Medio Ambiente del Ayuntamiento que no tenía pensado realizar los trabajos en beneficio de la comunidad, que no iba a limpiar y que tampoco tenía pensado pagar sanción alguna porque era insolvente. Luego, ante la cascada de denuncias y la posibilidad de ir a prisión, entró en vereda. Como lo hicieron los demás. Aunque «siempre aparece uno pese a que la patrulla verde está muy atenta. El reto es que no quede un grafiti en la ciudad», dicen en María Pita.

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1.600 pintadas emborronan A Coruña