Pronto dejará la portería en la calle Ferrol de A Coruña para regresar a su hogar de Monte Alto
08 mar 2026 . Actualizado a las 10:12 h.Su trabajo es diferente a todos. Se levanta en su piso, en el ático de un edificio, baja en el ascensor al portal y ya está en su puesto de trabajo. Es el portero del edificio de seguros Santa Lucía en la calle Ferrol 1, el enorme inmueble de la esquina de la plaza de Lugo en cuyo bajo está Zara Home. Javier Rilo Suárez es la única persona que vive allí porque el resto de plantas están destinadas a oficinas. «Llevo 37 años de portero de un edificio en el que ya no vive nadie», comenta sonriente. A esta curiosa historia le queda escasa vigencia porque en pocas semanas se jubila y le sustituirá un conserje que ya no ocupará la vivienda del ático, que posiblemente la aseguradora propietaria convertirá en oficina. «Estoy acostumbrado al silencio, a no escuchar a nadie abriendo un grifo o dando un portazo. Incluso los ascensores, que hace años se oían más, ahora son más silenciosos y si algún empleado de las empresas que tienen aquí oficina viene a buscar algo, no me entero. Recuerdo que antes era capaz de adivinar desde la cama el piso en el que paraba el ascensor», destaca. Son las cuatro de la tarde y charlamos en su puesto de trabajo, la mesa del portal del emblemático edificio. Un calendario de los que edita el Ayuntamiento, dos cartas y un aviso de llegada de Correos comparten espacio con varios ejemplares de La Voz. «Este es el del ayer. Voy guardando los artículos de opinión para leer cuando pueda», explica.
Los ruidos y los olores
De vez en cuando entra o sale alguien, alguno con su trolley camino de la estación o el aeropuerto. «Cada vez hay más gente joven», apunta Javier, que ha visto cambiar el nombre de muchas de las empresas que están presentes en el edificio. En una planta está Deloitte, en otra Bankinter, Simei, FCC Construcción o Kowmad Mood, entre otras. «Al principio, el silencio me aturdía y no sé cómo voy a hacer ahora. Cuando me jubile, que soy empleado de Santa Lucía, me voy a mi casa de la ronda de Monte Alto. El otro día estuve y huele a comida. Aquí solo cocino yo y estoy en el ático. Me tengo que acostumbrar a esta nueva realidad», asegura. Tiene 67 años recién cumplidos, está casado y es padre de una hija de 40. «Parece que fue ayer cuando venía a verme con el uniforme del Hogar de Santa Margarita», recuerda. Antes de vivir en su lugar de trabajo, lo hizo en el piso al que ahora volverá en Monte Alto. Fue marino de la Armada en Ferrol y Cádiz, pero volvió a A Coruña. «Aquello no era lo mío. Trabajé un año de barrendero hasta que surgió lo de ser portero aquí y llevo 37 años y 2 meses», resume con cierta nostalgia.
Paseo y guitarra
Lleva el control de acceso al edificio y da parte de cualquier avería. «Antes se juntaba mucha gente delante de la puerta para fumar. Yo también fumaba y charlábamos un rato. Ahora casi nadie fuma y yo tampoco. Los lunes se habla algo de fútbol con los que tienes más confianza», destaca. Echa cálculos y dice que deben de trabajar aquí unas 150 personas. «En líneas generales los conozco a todos, aunque hay gente que viene de manera puntual a las oficinas de banca privada». De 9.00 a 14.00 y de 16.30 a 19.30 se encuentran con Javier en la puerta. «Por la mañana doy un paseo largo con el perro, y también al mediodía. Me gusta mucho pasear y espero hacerlo más cuando esté jubilado. También me planteo ir a clases de guitarra, alquilar un huerto urbano... Se me van a hacer los días eternos, aunque soy mucho de callejear». Aunque es un portero singular, porque trabaja en un edificio en el que no vive nadie, es consciente de que es de los últimos de esta profesión. «Antes éramos muchos y hasta quedábamos de vez en cuando. Ahora hay unos pocos en Linares Rivas y en algún portal más, pero se va perdiendo», reflexiona desde el único portal impar de la calle Ferrol, donde lleva viviendo y trabajando desde hace 37 años y 2 meses.