Manuel López, profesor jubilado de Cereixo: «Para cobrar había que ir á Coruña e facer cola no Hispano Americano»

Personas con historia | Durante más de 44 años fue profesor en varios centros educativos de Vimianzo


carballo / la voz

«Ese día non había clase porque para cobrar había que ir á Coruña e facer cola no Hispano Americano, no Cantón. Nos primeiros anos fun en coche de liña, desde A Ponte do Porto. Eran insalubres, mal limpos e con malos olores. Ademais, eu mareábame nada máis subir». Manuel López, (Cures-Cereixo, 1946) enseñaba entonces en la escuela unitaria de Baíñas, donde llegó a tener 55 alumnos, algo más de la mitad de los matriculados porque él solo se ocupaba de los niños, en tanto que las niñas eran cosa de la maestra. Doña Carmen se llamaba la de Castromil, el segundo destino de este maestro que dedicó a la docencia «44 anos, 6 meses e 20 días» de su vida. No se arrepiente en absoluto, pero reconoce que se jubiló a los 66 y «estaba deseando».

Este chico, hijo único, que aún vive en la casa familiar de Cures estudió por empeño de su madre, apoyada por su abuela y dos de sus tías, un universo femenino que lo llevó bien pronto a A Coruña para hacer el ingreso para el instituto masculino, frente al imponente tribunal de catedráticos de prestigio ante los que había que mostrar conocimientos de Gramática, Geografía e Historia y Matemáticas, que había de ser su especialidad y con la que se jubilaría en Terra de Soneira. Le gustaban, confiesa, porque «no tienen sentimientos ni filosofías» ni obligan a tener o dar opinión.

De don Moisés, en la escuela de Carnés, pasó casi directamente a una pensión herculina, al instituto y después a la Academia Galicia, donde estuvo interno. No recuerda nada molesto, pero señala que fue forjándose poco a poco «a base de paus», que tampoco fueron demasiados.

Pronto ganó la oposición y salvo una breve sustitución en Malpica, pasó toda su carrera en el municipio de Vimianzo, quizá para compensar que de joven apenas se pasó por la casa familiar, donde las mujeres eran mayoría tras la muerte muy prematura de su abuelo, ahogado en el «río da Furaqueira, que vén de Castrobuxán e vai a Carantoña».

Forjados en el trabajo

De los chicos de Castromil, con los que estuvo 9 años, recuerda que estaban forjados en el trabajo. Antes y después de la escuela tenían que ayudar en casa, pero eso no los hacía menos atentos. «A materia prima é o mellor que temos», dice de los niños y jóvenes que fueron pasando por sus manos. Ellos y el tiempo que les dedicó le enseñaron valiosas lecciones. La principal es muy socrática, a pesar de que a Manuel López no le va demasiado la filosofía. «O único que aprendín despois de tantos anos é que non se pode pensar que un rapaz é un desastre e que outro é moi bo. Cousas que pensabamos que ían dar un resultado bo acabaron un pouco mal e o que empezou regular tivo un final fantástico. Se volvese a empezar non faría veredictos». Esta humildad de maestro para con los estudiantes tiene un matiz más duro cuando se refiere a los padres, a algunos. También dice que lamenta no haber podido hablar abiertamente con ellos y que cuando lo hizo se encontró con problemas porque «as cousas hai que decilas», pero muchos progenitores «non son conscientes do que teñen os fillos». Las decenas de estudiantes que pasaron por sus clases y sus familias sabrán de lo que habla y es probable que alguno se reconozca en estos pensamientos. O quizá no.

Tal vez le recuerden como un docente que intentaba hacer menos áridas las Matemáticas, llevándolas a la práctica o utilizando pequeños trucos, como el de intentar aprender al mismo tiempo que sus alumnos, despertar una curiosidad compartida.

«Durante a Transición din galego»

A Manuel López le hubiera gustado dar mejor la Geometría. El temario con el que trabajaba situaba esta disciplina al final, por lo que en muchas ocasiones había que darla con prisas, sin pararse mucho y lamenta no haberlo hecho. Otra de las cosas que se le quedaron colgadas fue la Geografía e incluso valora ponerse a estudiarla. Es una especie de reto y gusto personal, pero nada quiere saber de la historia.

Durante su carrera se centró en las Matemáticas, sobre todo en el instituto, pero también las Ciencias Naturales, aunque es filólogo y recuerda que durante la Transición dio clase de Lingua Galega.

En cuanto a asignaturas y enseñanza reglada tiene claro que una de las principales carencias se da en los idiomas. No ve que la calidad del inglés sea la necesaria y no entiende el motivo del problema. Él era de francés y aunque reconoce que su pronunciación nunca lo haría pasar por parisino, sí es capaz de «ler un periódico». En este campo considera que la calidad del docente es fundamental. Recuerda que a él le dio clase una profesora, francesa, algo que se notaba, por su puesto, en las lecciones, pero también en la forma de vestir y la elegancia que exhibía aquella mujer.

Está convencido de una de las principales necesidades es la formación de los profesores, pero no solo en el idioma sino también en la cultura. Es partidario de una mayor inmersión.

Por lo que a él respecta, se lamenta de no haber tenido medios de enseñanza suficientes. Recuerda que estando en la escuela de Castromil, antes de los 70, conocieron las primeras fichas. De todos modos, cree que a partir de ese momento, los avances fueron muy rápidos.

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