Oscars 2013: Tarantino confiesa que le «divierte» incluir la violencia en sus películas

La Voz AGENCIAS

CULTURA

BRITTA PEDERSEN

El director de «Django desencadenado» considera que su mejor trabajo «está aún por venir»

17 ene 2013 . Actualizado a las 17:46 h.

Quentin Tarantino ha celebrado sus veinte años de carrera con Django desencadenado, su octava película donde da una particular visión de qué fue la esclavitud en Estados Unidos. Es la misma motivación que le llevó a reinterpretar la Segunda Guerra Mundial en Malditos bastardos. Su película ya le ha brindado un Globo de Oro como mejor guionista y es candidata al Oscar como mejor película. Tarantino vuelve a contar con el austriaco Christoph Waltz como el cazarrecompensas King Schultz y recupera a Jamie Foxx para un papel protagonista. Pero, ¿qué inspira al aclamado director de cine en sus películas? «Siempre trato que mis películas sean muy cinematográficas, divertidas, entretenidas, pero al mismo tiempo me gusta explorar otros mundos literarios. En Django hay muchas imágenes que viajan al pasado porque los spaguetti western eran famosos por esas secuencias -detalla Tarantino-. Suelo contar mis historias como un libro, un novelista sigue la estructura del capitulo y eso también lo he hecho. Digamos que la literatura es parte de mi cine».

El nominado a los Oscars 2013 es un gran admirador del género del oeste. «He tratado de crear un mundo muy particular con este filme -explica-. Es un western pero no lo es, la historia se desarrolla en Antebellum South, empieza en Texas pero luego se van a Misisipí y tenemos las dos figuras clásicas de los western: el mentor y el joven aprendiz, sin embargo aquí tenemos a un exesclavo que va a las plantaciones, a salvar a la mujer que ama». Tarantino desvela que Django, nominada al Oscar a mejor película, tiene todos los convencionalismos de un western, pero también tiene los ingredientes del Sur, de la historia que se lee en los libros. «Hace cinco años pensé que iba a rodar un western mas clásico y sin embargo me ha salido algo muy distinto», confiesa.

También ha reconocido el director que Malditos bastardos y Django Desencadenado «piden a gritos una tercera película», que «les hace falta compañía». Aún así, Tarantino lo que quiere ahora es «rodar una película pequeña tipo Jackie Brown». «Tengo ganas de rodar algo en un coche y poner la radio para variar».

En cuanto a su recorrido profesional, el cineasta indica que le gusta su filmografía: «Creo que es buena, todas mis películas se mantienen por sí mismas y mi mejor trabajo esta aún por venir». Django desencadenado es una historia llena de referencias, con buenas interpretaciones, un trasfondo de crítica social y política pero sobre todo, sangre y más sangre. La cuestión está en saber si sigue siendo necesario ese baño sangriento. El director considera que «simplemente es divertido» incluir la violencia en sus películas. «Me gusta el cine de genero, donde se combina de acción y violencia. Creo que hay algo de éxtasis en el momento en que el esclavo toma el látigo y atormenta a tu torturador -explica-. Yo acompaño la violencia con una escena de comedia, trato que mis películas sean una experiencia comunal, satisfacer a los que pagan por ir al cine, soy un pianista que quiere tocar todas las emociones». «Yo no hablo de violencia en la vida real, yo hago ficción y el público tiene que sentir los personajes, al héroe y al villano -continúa Tarantino-. Cuando hay una respuesta emocional el director, el escritor, recibe su recompensa».

Puro Tarantino

Con su primera película, Reservoir dogs (1992), Quentin Tarantino dio una bofetada de frescura a la par que de brutalidad con un cine salvaje, divertido, absolutamente incorrecto y muy bien hecho. Han pasado 20 años y sigue explotando una fórmula que fue puliendo con Pulp Fiction, las dos entregas de Kill Bill, Death Proof y, sobre todo, Malditos bastardos. En esta última introdujo una nueva variante, la parodia abierta de un hecho tan históricamente comprometido como el nazismo y el Holocausto. Lo saldó con brillantez y con una fuerte carga crítica que se colaba entre chorro y chorro de sangre.

Ahora ha vuelto a repetir la fórmula en Django desencadenado y, en esta ocasión, el objeto de denuncia es el sistema esclavista que imperó en Estados Unidos hasta el siglo XIX. El realizador ha aderezado la promoción de filme nominado a los Oscars comparando la esclavitud en EE.UU. y el casi exterminio de la población india con el Holocausto judío. Una polémica que ha servido para aumentar el interés por un filme cuyo máximo reclamo comercial es Leonardo Di Caprio, actor que realiza una estupenda interpretación en una historia protagonizada por Christoph Waltz, impecable como cazarrecompensas alemán, y Jamie Foxx, más flojo en su caracterización de esclavo liberado en busca de venganza.

Foxx es Django, un esclavo al que el Dr Schultz (Waltz) libera para que le ayude a encontrar a unos criminales a cambio luego de colaborar él en la búsqueda de la mujer del esclavo. Una historia que justifica los asesinatos por doquier que comete la pareja de protagonistas en el cumplimiento de su deber de búsqueda y entrega «vivos o muertos» de una serie de criminales perseguidos por la Justicia.

Bien estructurada, impecablemente rodada, con algunas escenas divertidas, amorales y tremendas, Tarantino se repite a sí mismo con el tratamiento de esa violencia gratuita que tanto le gusta y de la que ha hecho su bandera cinematográfica. Paredes que chorrean sangre, cabezas que estallan y algún ser humano que sale disparado a muchos metros tras recibir un balazo de las pistolas y rifles que proliferan en la pantalla y que parecen destinados a matar elefantes.

Es obvio que no es necesaria tanta sangre, aunque los fans incondicionales de Tarantino opinan lo contrario. Pero la duda que plantea esta película es si el realizador sería capaz de entretener y divertir tanto si no contara con esa sangre y violencia, base de sus filmes más destacados. Quizás este año, en el que cumple los 50, podría ser un buen momento para el cambio.

Django desencadenado, que llega mañana a los cines españoles precedida de un gran éxito en Estados Unidos, tiene además una banda sonora tan divertida y variada como suelen ser todas las de Tarantino. Composiciones de Ennio Morricone (incluido un tema de Dos mulas y una mujer (1970) o Jerry Goldsmith, canciones interpretadas por nombres como Pat Metheny, James Brown o Johnny Cash y hasta un tema compuesto por Jamie Foxx y Rick Ross.

La diversión y el entretenimiento están sin duda aseguradas. La cosecha de Óscars -está nominada a cinco- se aventura más difícil.