El fútbol es orden y talento. Esa sencilla ecuación que formuló en su día Arsenio Iglesias es, a buen seguro, la gran preocupación a la que estarán dando vueltas Zinedine Zidane y Unai Emery. Ambos manejan plantillas que han costado más de 1.200 millones de euros, una obscenidad, así de caro se ha puesto el talento. Pero el dinero nunca ha garantizado la felicidad, ni la victoria, aunque facilita la búsqueda. El que encuentre el equilibrio estará más cerca del triunfo. Uno saldrá reforzado y el otro hundido.
El Zidane de la pasada campaña parecía haber dado con la tecla, curiosamente en un curso en el que las lesiones le impidieron las más de las veces alinear al mismo tiempo a Bale, Benzema y Ronaldo. Cuando faltó uno de ellos, el equipo ganó en sacrificio y en control en el medio campo, sobre todo sin balón. Si están los tres, la implicación a la hora de correr para atrás será determinante. Y todo apunta a que el técnico francés confiará, una vez más, en la tripleta.
Al PSG le llega el primer examen de enjundia para su proyecto más ambicioso, tras los fichajes de Neymar y Mbappe. Y Emery, como Zidane, sabe que su equipo está sobrado de recursos para buscar la portería contraria. Otra cosa es la marcha atrás.
Así se presenta la eliminatoria de octavos de final de la Champions que despierta más expectación, con el valor añadido del todo o nada. El que se clasifique cotizará al alza en las casas de apuestas. Al que quede apeado le espera el frío hasta que llegue el Mundial de Rusia. El PSG no tiene rival en Francia, el Real Madrid ha sido su principal enemigo en España, hasta decir adiós prematuramente a la Liga y la Copa del Rey. Hagan sus apuestas. «Rien ne va plus».