José María viste de gabardina


Valdano lo dice todo más bonito, pero las frases que mejor definen el fútbol suelen ser breves como un titular y escasas. Muy escasas. Dicen los escritores que si tras toda una vida logras sacar una metáfora que realmente valga la pena, te puedes dar con un canto en los dientes. Pues es lo mismo.

Me considero un privilegiado. Pude asistir al alumbramiento de una de esas sentencias futbolísticas indiscutibles en boca de un amigo desesperado en los tiempos en los que Bodipo era delantero del Deportivo. Le salió tan espontáneo que uno se queda asustado de cómo la ira más visceral puede generar momentos de tanta brillantez. «Lo único peor que un paquete es un paquete que no para de pedir la pelota», dijo entonces. Creo que ahora daría una mano porque el guineano jugase en su equipo. Ya saben, la memoria es frágil.

Bodipo vio desde el banquillo de Riazor cómo Guti Haz. —eso ponía en el reverso de su camiseta en una abreviatura totalmente inventada— le daba una asistencia de genio a Benzema para acabar con 18 años de sequía coruñesa del Real Madrid. Entonces era Guti Haz., pero antes ya había sido Guti, J.M. Guti o Guti H. El exjugador del Real Madrid viene a ser el Congo del mapa futbolístico, que cambia de nombre al mínimo calentón.

Ahora Guti, el 14 de la diadema en el pelo, ya no es Guti. Ahora es José María Gutiérrez, entrenador de gabardina. Así quieren que lo llamen y me parece fantástico como camarada que se ha pasado media vida dándose la vuelta cuando la gente le gritaba su apellido.

Jose María Gutiérrez no ha tenido la suerte de Manuel Pablo o José Ignacio, que sus nombre valen para futbolista, entrenador o panadero. Es un acto hasta generoso, porque tendrá que competir por posicionarse en Google con el poeta español, el diplomático mexicano, el actor argentino y un político de Buenos Aires. Todos tocayos que verán incrementadas sus visitas en la Wikipedia.

«Al fin y al cabo es lo que a la gente le gusta, que la llamen por su nombre», dijo José María. Tan sencillo como eso. Ya no es el niño malo del Madrid. Es el entrenador del Almería. Aunque le sigan lloviendo preguntas sobre su pronóstico para el clásico.

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